Registro en la sede del partido de gobierno

La sede del Partido Popular ha sido registrada por la Policía. Tras el informe de los registros, se ha determinado que los discos duros de los ordenadores requeridos fueron previamente borrados. Este hecho hace crecer la sombra de duda sobre el partido de gobierno, especialmente despues de que se supiera que el presidente del partido y del Gobierno, Mariano Rajoy, envió un mensaje de apoyo al extesorero al conocer su sentencia de etrada en la carcel.

No solo fueron muestras de apoyo, sino que cuando el extesorero Luis Bárcenas fue imputado, éste fue renovado con 24.000 € de sueldo mensuales sin ocupar puesto alguno en el partido. En los papeles de la doble contabilidad, el presidente figura junto a la cúpula del partido como receptor de sobres con dinero negro enviados por empresarios, en su mayor parte constructores, a cambio de importantes concesiones.

Estos hechos, junto con las tramas de corrupción generalizada en el partido, especialmente en Madrid y Valencia (Gürtel y Púnica), ponen en duda la honestidad del Partido Popular, sus dirijentes y su propio presidente. Sin embargo, fuentes del gobierno venidas del futuro anuncian que no habrá ninguna dimisión. Ningún miembro del partido dejará su puesto, salvo para ir a la cárcel si así lo quiere la Justicia.

inocente

Jajaja, habéis picado INOCENTES!!!!! Cómo os la he colado!!!!

Un abrazo y felices fiestas.

Reflexionando para el 20D

Screenshot_2015-12-19-15-09-52~2En mi última reflexión preelectoral cuento con un ayudante de lujo. Se llama Albert. Con Ciudadanos en caída libre y cuarto en las encuestas, esta declaración de intenciones hecha ayer en forma de tuit, nos deja para mañana dos opciones: que nos gobiernen los de siempre o intentarlo con alguien nuevo. Os animo que no tengáis miedo y barajéis. Sólo así, no nos tocarán las mismas cartas de siempre. Somos muchos, sólo falta el último un empujón.

Montad un partido y presentaos a las elecciones

Mucha gente acuñó esa frase en los meses posteriores al 15 de mayo de 2011. Mi padre me lo repetía cuando se daba cuenta que yo me sentía parte de aquellos que incomodaban con su presencia en las calles de Madrid, pero que al final proponían medidas que eran apoyadas por más de un 70% de la población. “si todo esto está muy bien hijo, pero ¿por qué no forman un partido y se presentan a las elecciones?”.

Montad un partido

Yo explicaba que el 15M no iba de eso, no se trataba de hacer política, no se trataba de ser un eslabón más en una cadena oxidada, un ladrillo en la pared que quedara obligado por los esfuerzos de los adyacentes. Se trataba de no moverse de una plaza hasta que la sociedad entendiera que no es humano echar a nadie de su casa, cortarle la luz, mientras una casta de políticos se llena el bolsillo y se reparte los consejos de administración. Se trataba de decir bien alto que las batas de los hospitales son las que salvan vidas y no las sotanas de las iglesias. Que la educación es más importante que lo que digan “los mercados” ese ser imaginario que nos habían creado para tragarnos la papilla que cocinaban Merkel y Obama, como cuando nos decían de pequeños que venía el coco. Que se nos moría gente porque le retiramos la tarjeta sanitaria y no queríamos traer pastillas para curar la hepatitis C.

El 15M no pedía imposibles, pero exigía mínimos para levantarse de la Plaza de Sol y recoger su acampada. Pronto la sociedad aceptó al movimiento como un actor más en el plano económico y político del país. Los telediarios y periódicos daban bola en las noticas “El movimiento 15M dice…” ante cualquier decisión trascendental en España. La marea blanca, las camisetas verdes, los tirones de la Policía a componentes de la PAH, eran imágenes habituales en los medios.

Luego estaba Twitter, red en la que se propagaban las convocatorias, se denunciaba el acoso por periodistas que a la vez que informaban, militaban en el movimiento y eran blanco de los matones antidisturbios. Allí desde un principio se fraguaba una realidad paralela que los medios de comunicación silenciaban hasta que le era imposible retener y que posteriormente incluían en sus contenidos, endulzada tal y como su línea editorial requería.

Y el partido se creó. Recuerdo que yo me debatía entre IU y Podemos los días anteriores a las elecciones europeas en las que se presentaba por primera vez. Recibí un email de Javito, de los pocos amigos que me quedan sin datos en el móvil y que no estaba presente en los debates de Whatsapp o Telegram. En el correo nos decía que había decidido votar a Podemos, por si nos animábamos. Dos días después quedamos para votar Javi, otros tres amigos y yo en el barrio y todos habíamos decididos votar al partido de Pablo Iglesias. Tal vez el conocer que otros iban a hacerlos fue un efecto ancla. Al volver de votar puse en mi manifesté en mi muro de Facebook mi decisión. Un par de amigos me dijeron que al verlo también se había animado. Podemos consiguió cinco escaños. Las encuestas pronosticaban que como mucho obtendría uno.

Empezó a crecer el fenómeno hasta cotas insospechadas. Los bulos de ETA, Venezuela, y los casos de Monedero y Errejón eran portada por delante de Bárcenas, Rato y por supuesto los registros y borrados de discos duros del PP, no consiguieron derrumbar a Podemos que llegó a ser primera intención de voto.

Tras unas elecciones municipales en las que junto a otros partidos y movimientos se pudieron conquistar ayuntamientos como los de Madrid y Barcelona, en las generales Podemos se presenta con su nombre, con su logo, con su color morado, con la coleta. Se llegaron a acuerdos con muchas formaciones pero no con otras no, destacando Izquierda Unida. Para mí, una pena. No están todos, pero está ella, Ada Colau. La que se arrastró tantas veces por el suelo por todos nosotros, los que estaban perdiendo su casa y los que no tuvimos valor casi nunca de ir a defenderles. Si está ella, creo que mi opción de votar a Podemos es la correcta.

Ada ColauMe sobran algunas cosas, me faltan otras, especialmente la fe política de Izquierda Unida (en Unidad Popular). Siento que traiciono de alguna manera a los de Alberto Garzón con los que espero resarcirme en el futuro, pero creo que es la mejor oportunidad que hemos tenido de que de elegir a dirigentes que nos miren, nos escuchen, sepan que hay gente en la calle que sufre, porque vienen de ella. Que hayan subido al metro, esperado en urgencias, que hayan ido a coles con pocos medios materiales y humanos, que hayan visto y por qué no, parado un desahucio.

No voy a daros el coñazo con la corrupción, el IBEX 35 de PP, PSOE y Ciudadanos y lo que me parecen sus programas electorales y la mayoría de sus miembros. Os voy a proponer una cosa: que barajéis las cartas de una vez, que siempre nos tocan las mismas, que probéis, que no tengáis miedo, porque puede ser verdad eso de que se va a gobernar para el pueblo y os digo una cosa. Estéis en el paro o tengáis un buen trabajo, viváis justos de alquiler compartido o estéis comprando una casa, vayáis en metro y andando o en coche y algún taxi que otro, todos los que me leéis sois el pueblo. A muchos les va mal, otros no nos podemos quejar, pero siempre dependeremos de ellos y cuando quieran y aprieten un poco más la tuerca, nos irá peor y si no nos atrevemos a probar, nada cambiará.

Esta vez yo me he creído que ganamos. Votad lo que sintáis, pero si os lo creéis y no tenéis miedo, SEGURO QUE SE PUEDE.

La teoría del ultrapoder

El otro día en una conversación preelectoral de sobremesa alguien, que pretendía ponerme en una disyuntiva ante mi conocida opción por la izquierda en las próximas elecciones, me preguntó: “¿quién preferirías que ganara, el PP o Ciudadanos?”.  Respondí “PP, sin dudarlo”. Confieso que mi certeza respondía a una sensación, a un miedo, a todo lo que he visto debajo de la alfombra de Ciudadanos respecto al posicionamiento al lado del poder , pero no me entretuve en fundamentar mi respuesta.

Pero en estos días he desarrollado una teoría que me permite sustentar mi respuesta y explica el gozo de los medios de comunicación y las grandes compañías del país ante el ascenso de Albert Rivera como presidenciable. La he denominado la “Teoría del ULTRAPODER”.

ALBERT RIVERA PRESENTA EL PROYECTO ECONÓMICO DE CIUDADANOS PARA ESPAÑALa teoría se basa en que los poderosos ven en Ciudadanos la oportunidad de tener un dominio absoluto del poder. Hasta ahora, el Partido Popular y el Partido Socialista se han ido posicionando sucesivamente al lado de los intereses empresariales sin fisuras, pero había que pagar peaje. El Partido Popular está formado por gente de bien, alta alcurnia. Los dirigentes del partido jamás se han conformado con ocupar un puesto de diputado, concejal o ministro. Su origen franquista y su nutrida presencia de familias de bien lo impedía. El poder necesitaba alimentar a la bestia con dinero negro para ensobrar y repartir. El PSOE, que en la transición rápidamente olvidó la S y la O de sus siglas se unió a la fiesta. El poder tuvo que abrir las puertas de los consejos de administración a miembros del PP y PSOE. Muchos miembros del PP ya los habrían ocupado simplemente con la credencial de alguno de sus largos y compuestos apellidos, pero los socialistas tenían que tener sillas en los consejos. Cómo si no iban a privatizar una eléctrica o una telefónica si no había nada a cambio.

A través de los medios de comunicación se ha permitido el saqueo durante décadas, con salvadas excepciones, que normalmente atacan solo en una dirección y durante un tiempo, la que conviene más con las convicciones morales de la línea editorial del medio e cuestión. Si alguien se pasa, el poder no duda en destituir a directores de periódico o retirar licencias televisivas.

Pero llega Ciudadanos, partido que tiene dos banderas: la unidad de España y la lucha contra la corrupción. Éstas y otras promesas electorales se alinean perfectamente con el poder. Plantean complementar por parte del Estado los salarios bajos pagados por las empresas sin obligar al empresario a cubrir esos mínimos, proponen el contrato único que facilita el despido, demonizan cualquier propuesta de otras formaciones políticas que sugieran sancionar o incluso nacionalizar empresas que incumplan mínimos éticos, no se posicionan del lado del ciudadano en el problema de los desahucios, más bien promete amor eterno a la banca. Dan apoyo a la educación concertada, no promueven universalización de la sanidad, al contrario, restricción. Hasta la industria armamentística puede estar, tranquila, Albert promete sumisión ante las llamadas a participar en conflictos internacionales. Son liberales de libro.

El poder está de enhorabuena. Ni el PP en sus años más liberales de Aznar prometía tanta vía libre a sus planes, pero esta vez con una diferencia. Ciudadanos no quiere cobrar peajes, no habrá corrupción, no habrá sobres, no habrá EREs que tapar, no habrá que silenciar a Bárcenas ni untar a exministros y expresidentes en los consejos de administración. El triunfo va a salir gratis. La gente de Ciudadanos es joven, niños bien, seguramente en su mayoría acomodados, pero sin apellidos largos y compuestos encastados. Se conforman con ocupar puestos políticos (con un buen sueldo, eso sí), pero su única y no peligrosa intención es perpetuar la hegemonía del poder económico sobre el poder político y social. El ULTRAPODER. La casta desaparece y las puertas giratorias se cierran.

Con esta teoría puede parecer que prefiero que haya corrupción para que al menos al poder le salga caro. No es así. Coincido con la mayoría en que la lucha contra la corrupción es necesaria en este país, ya que muchas desgracias que tenemos encima provienen de un sistema enquistado y sí me creo que Ciudadanos vaya a luchar contra ello (aunque ya tengan unos cuantos casos en sus filas). Simplemente trato de alertar de que se trata un partido que no es de derechas, una especie de PP limpio. No, no se trata de eso. Es de muy, muy derechas y ultraliberal y al poder le va a resultar más fácil que con ninguna otra formación convertirse en ULTRAPODER. Sinceramente pienso que hay alternativas que se pondrán sin dudarlo al lado de la ciudadanía, de las personas enfermas, de los salarios mínimos, de las jubilaciones, del paro, de quien se quede sin casa y no del que la quita, de nosotros, por supuesto que sin corrupción, sin puertas giratorias, etc.

Sé que la popularidad de Albert Rivera y su partido se ha hecho tan grande que mi animadversión hacia ellos puede parecer hasta enfermiza, pero uno  llega a una edad en la que siente que debe avisar de peligros semejantes y estas reflexiones me afianzan en la idea de que son un peligro que hará más pequeños a los ciudadanos frente a las empresas la banca y los medios. Y qué carajo, para eso tengo un blog para decir lo que quiero ;P

No estuvimos en el 15M para que ahora votes a Ciudadanos

Son las 9 de la mañana de un sábado dentro de un puente y aunque hoy podría permitírmelo sin límites, no puedo seguir durmiendo. Mañana, además de ser el día de la Constitución, es mi cumpleaños. Confieso que es la primera vez que me preocupo por el número de años que cumplo, peligrosamente cercano a los 40. Tal vez eso y que el puente no me vaya a permitir hacer una celebración entre amigos me tenga inquieto. Pero mi mente, después de repasar algunas preocupaciones laborales que tengo por en medio, alguna cena y evento navideño, se va al día 20 de diciembre. El otro día recibí una llamada de un desconocido (que tiene mi teléfono por encontrarme en alguna de las listas de distribución en las que me he apuntado en el último año) que acabó en un café pactado para este lunes. Sé que me van a pedir que me implique en la campaña y en el día de las elecciones. No sé qué decirle. Por un lado, aunque cada día tengo más ganas de implicarme de alguna manera en política, a la hora de ponerlo en práctica no me gustan los partidos. Pero estoy preocupado por seguir cumpliendo años y ver que nada cambia. Mientras decido lo que hago el lunes, tengo que escribir este post, contando algo que me disgusta del panorama que se esboza en la política de España.

El 15 de mayo de 2011 asistí a una manifestación de las que tantas veces por desánimo había rechazado ir. Eran muchas las convocatorias que se realizaban cada mes y que aun contando con la simpatía de mucha gente, acababan mudas por asistencias que se podían cifrar en cientos. En aquélla ocasión se consiguió por alguna razón que nos contaran en miles. Se llenó el centro de Madrid y fue muy emocionante.

15MRecuerdo que al día siguiente, algún amigo (seguramente Luis, que es el que se entera primero de todas estas cosas), nos contaba que había unas decenas de personas que se habían quedado a dormir en Sol y que aunque la Policía había intentado desalojarles, habían resistido. Comenzó un apoyo creciente para dar ánimo y continuar la protesta del domingo. Al volver a mi casa decidí pasarme un rato y verlo. Aluciné. Al día siguiente la cosa se desbordó y al salir del trabajo ya había quedado con amigos y fuimos. Había estallado el 15M. Pero no era noticia aún. Los periódicos y las televisiones lo silenciaban. Entre los que no habían ido se movían los rumores. Me acuerdo que miércoles 18 había tres compañeras en la oficina que hablaban en bajito pero demasiado cerca de mí para que no las escuchara, de lo que pasaba en la plaza. Una de ellas dijo “pues ‘X’ (no recuerdo cómo se llamaba su pareja) quiere ir esta tarde”. Otra de ellas dijo “no me digas tía, si lo han prohibido”. En ese momento sonreí para mis adentros para que no supieran que estaba escuchando y comencé a redactar un email que ilustré con una foto cenital de Sol repleta de gente, de esas que aún sólo circulaban por Twitter y no salían en portadas. El asunto del mensaje era “¿creéis que esto se puede prohibir?” Cuando se sentaron y leyeron mi email vinieron a mi mesa para preguntarme qué estaba pasando y que si se podía ir tranquilo. Expliqué que sin problema y que para mí estaba siendo muy emocionante el fenómeno de amalgama de gente tan dispar, un sumidero de rabia bien canalizada, sin violencia, con debate en la calle, sin fisuras y desde el pueblo. Estuve en Sol cada uno de los días hasta las elecciones del día 22, día en el que todos los que estábamos allí nos llevamos un nuevo revés electoral.

Pero algo había cambiado. Después de muchos años la calle tenía voz. Y esta vez tenía voz porque la gente se estaba ocupando de sí misma, no salía por condenar el horror de una guerra a muchos kilómetros o una barbarie terrorista que dañaba a otros conciudadanos. Hablábamos de nosotros mismos y de nuestro malestar y lo hacíamos unidos, sin etiquetas, sin banderas. Se debatía en la calle de política, de corrupción, de sanidad, de economía, la gente se organizaba, viejos y jóvenes, muchas veces con niños de la mano, compartían unos sus historias personales y otros sus ganas de cambiar las cosas para siempre. En las noticias se podía escuchar “el colectivo 15M opina…” sobre temas capitales en la política y la economía. Se cuestionaban los desahucios, se denunciaba a Rodrigo Rato. La calle afilaba sus uñas.

Cuatro años y medio después nos encontramos en (más…)