Volver a empezar

Son las 5:40 de la mañana. Insomnio, me despierto. Espero a que empiece el programa matinal de noticias que sólo habla de repetición de elecciones y me levanto a desayunar. Me ducho y me arreglo con mucha calma, me levanté dos horas antes de que me obligara el despertador. Es el primer día de trabajo del año. Antes de irme beso a mi chica que se queda durmiendo disfrutando de sus últimos días de paro; ha encontrado trabajo.

Entrando al metro una señora me pregunta que si llueve a lo que respondo “ahora mismo no”, ante la posibilidad inminente de que mi respuesta deje de ser válida. Supongo que lo pregunta preocupada por cómo llegaría su peinado al trabajo si le llovía encima, aunque parecía tener el pelo poco cuidado. En el vagón doce personas miran el teléfono, dos de ellas están unidas además a él por unos cascos. Una lee, otras siete aparentemente no hacen nada, pero a lo mejor están como yo, fijándose en lo que los otros hacen, mientras llegan a sus trabajos.

maracas gran víaLlego a mi parada, menos transitada de lo habitual porque a muchos les duran las vacaciones. El señor al que supongo cubano, que toca las maracas mientras canta en la esquina de Gran Vía con Valverde cada mañana, hoy conversa con una señora. Todos los días me pregunto si lo que recauda en el rato que está interpretando le da para vivir. A veces pienso que si la respuesta fuera afirmativa, me gustaría ganarme la vida así.

Hace mucho viento y abandono la avenida buscando refugio en la calle Desengaño. Ahora sí que llueve. No me cruzo con ninguna prostituta, no han empezado a trabajar todavía, por lo que los chulos tampoco están controlando. Desde abajo se ilumina ya el interior del Primark, donde gran parte de la ciudad también se va a prostituir en poco más de una hora, comprando camisetas a cinco euros fabricadas por esclavos.

Llego a la plaza y subo a la nueva oficina que hoy estrenamos, más grande y con mejores vistas que la anterior. Será más agradable trabajar, aunque lo que realmente sería más agradable es pasar menos horas allí encerrado. Empieza mi jornada laboral y acaba mi vida, que no volverá casi hasta que casi sea mañana.

Vacaciones, os echo de menos.