Cuando fuimos ganando

Rayo Real MadridRayo Vallecano – Real Madrid. En el minuto 14 íbamos ganando 2-0 los de Vallecas. Increíble. Parecía que estaba más cerca lo que siempre soñamos cuando jugamos contra un grande, ganarles algún día. Siempre empezamos jugando mejor ya que Paco Jémez, tal vez el entrenador más valiente de primera división, obliga a sus jugadores a jugar igual de ofensivo sin importar el rival ni el resultado. Sabemos que es difícil hacer gol a estos equipos. Sus jugadores, además de tener una calidad extrema, tienen una condición atlética insuperable.

Así pasa muchas veces en la vida. Alguien consigue que nos creamos que lo tenemos. Dejan que nos ilusionemos. Que nos pongamos 1-0. Incluso 2-0. Sabemos que es difícil terminar ganando, que seamos los ciudadanos y las personas las que ganemos. Que lo más importante sea nuestro bien estar o como mínimo nuestra salud. O por lo menos la educación de los más pequeños. O siquiera tener qué llevarse a la boca.

Pero no, el poder juega con nosotros.

Aquel sábado mientras mandaba mensajes a amigos madridistas con la foto del 2-0 en el marcador, sabía que probablemente el Rayo Vallecano acabaría perdiendo. Pero quería disfrutar de ese momento. Con el 2-1 y con el 2-2, que seguía convalidando como heroicidad, creció el nerviosismo. Con el 2-3 sólo quedaba la esperanza de “y si al menos metiéramos otro, aunque fuera en un descuido”. Mientras lo esperábamos, nos contentábamos gritando señalando con el dedo a los Ultra Sur “todos los fachas, fuera de mi barrio”.

No llegó el gol. Los humildes siempre pierden.

La mujer que limpia para el centro de oficinas en el que trabajo lleva seis meses sin cobrar. Su jefa dice que solo le debe uno. El día de su cumpleaños le cortaron la luz porque no puede pagarla. Tuvo que pedir una pizza que para ella es carísima, para comerla con su hija y su nieto con quienes vive. A los dos días nos decía que solo quería cobrar para mandar dinero a sus familiares cuya casa se destrozó en Ecuador por el terremoto. ¿Qué salida tiene? Seguir trabajando gratis, a ver si algún día cobra una parte de su deuda. Mientras, esclavismo.

Nos dijeron que llegaba la vacuna de la Hepatitis C. Viene pronto, en breve. Ya está aquí, en muy poco tiempo la suministraremos. Ya la estamos suministrando, pero aquí no, paciencia. Ya la suministramos aquí, pero a usted no, espere. No me pregunte, sólo aguante. Vaya… por poco…se murió. ¿Cuántos enfermos se han muerto creyendo que llegaría el medicamento? Asesinos.

España es precaria. Es mentira que haya recuperación. Cada vez hay más becarios el 61% no cobra y el 73% de los que cobran dicen que la beca no sufraga gastos mínimos. Yo tengo una empresa. Tengo una becaria. En el convenio con su universidad me daba a elegir si la práctica era remunerada o no. Si lo era, yo decido lo que quiero pagar. Vergüenza. Si hubiera querido, tendría una esclava. En España se calcula que hay 180.000 jóvenes esclavos sin cobrar ni un duro.

Conozco muchos casos cerca de mí de precariedad laboral de mujeres formadas y con experiencia. Su problema: estar presuntamente cerca de que se les pase por la cabeza tener hijos. Encima, tienen que aguantar las preguntas ilegales: “tienes pareja?” o “tienes hijos?”, sin poder contestar como se merecen, por si aún quedan opciones de conseguir el puesto en esa entrevista. Discriminación.

Nos dicen que es una pena la foto del niño muerto en la playa, que vamos a hacer algo con los refugiados. Decimos que vendrán 17.000 y vienen 17, pero bueno, nos piden paciencia a los que nos indigna y mientras los colocamos en Turquía por cuatro duros a los que podamos y los que no, que se ahoguen como el niño muerto. Asesinos.

Y así podría seguir. Nos dicen en el telediario que hay recuperación, o sea, que vamos ganando 2-0. Pero cuando miramos hacia otro lado nos meten tres goles y nos vamos a casa perdiendo, una vez más.

Nos toca votar y nos dicen los sondeos que vamos reventar las previsiones. Algo va a cambiar. Ya no van a gobernar. Es mentira. No queríamos que nos gobernara ni PSOE ni PP. Tal vez nos gobiernen los dos. Nos dejaron ir ganando. Nos empataron. Y cuando quisieron, nos ganaron.

Martín Presa FlorentinoCuando metimos el 2-0 comenzó a diluviar. Los poderosos tenían cobijo. El presidente del Rayo se empapaba, como mis amigos y yo en nuestra zona de la grada. Mientras, el magnate Florentino utilizaba su acogedor paraguas. Parecía un aviso, como si de lo que estábamos disfrutando mereciera un castigo. Cuando comenzó la remontada madridista salió el sol. Parecía todo en su sitio de nuevo.

Hemos bajado a segunda. Me refiero al Rayo Vallecano. A España también.

Creo que pronto volveremos. Y cuando volvamos, os empataremos. Y después de empataros, os ganaremos. Me refiero al Rayo Vallecano. A España también.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *