Una, larga y blanca.

donald-trump-hillaryDonald Trump se ha convertido en el hombre más poderoso del planeta. Gobernará con una mano en el paquete y con la otra firmando cosas. La mano izquierda en su blanca y probablemente flácida polla. La mano derecha firmando decretos y leyes, que hagan realidad muchas de las barbaridades que prometió en campaña.

Los grandes medios de comunicación y los círculos político económicos, muy demócratas ellos, se muestran muy preocupados por la deriva que puede tomar el mundo durante los cuatro (tal vez ocho) años de gobierno de Donald Trump. Es cierto que el personaje es abominable y su ideología es peligrosa. Pero, ¿es real la amenaza y debemos estar preocupados? ¿Los medios y los políticos tienen miedo de verdad o simplemente es una táctica? Con dos semanas de reposo, trato de reflexionar sobre ello.

Para mí no es ninguna sorpresa el que en un país en el que sigue habiendo pena de muerte sin ni una sola reprimenda internacional, donde la venta de armas es masiva y de fácil alcance, donde la segregación racial sigue siendo imperante, el país de las invasiones, de los bombardeos, de Guantánamo, etc. gane un tipo como Trump. Lo que sí me sorprende es la ceguera de la prensa y el entorno político internacional ante este hecho. La mitad de los estadounidenses que han ejercido su derecho al voto ha convertido a un racista, machista, acosador y defraudador en su presidente. Esto no es más que convertir en carne y hueso al espíritu que gobierna a occidente aún hoy en día: el patriarcado blanco.

Seguimos viviendo en una sociedad extremadamente machista, desigual y racista. En España nos escandaliza el muro que quieren construir Trump en México, siendo como somos, el país de las vallas y las cuchillas, en el que se ha disparado a 15 personas mientras se ha ahogaban en el agua. Esta semana fue noticia la primera declaración de intenciones del recién elegido presidente Trump. Manifestó su intención de deportar a los sin papeles con antecedentes, calculando que serían entre dos y tres millones de personas. Pues bien, Obama en su mandato a deportado a 2,5 millones, cifra que no ha escandalizado a ningún periodista de primera línea en estos ocho años.

Nos tratan de escandalizar con que un machista vaya a gobernar el Planeta en el país en el que Joan Rosell, jefe de la patronal, declaró hace dos semanas que la incorporación de la mujer al trabajo es un problema y no ha sido interpelado por ninguna autoridad ni política, ni judicial. El país donde Bertín Osborne es una estrella mediática gracias a un programa que consiste en hacerse el torpe en la cocina después de hablar generalmente con un hombre de sus éxitos profesionales y de faldas, donde la desigualdad de género laboral sigue siendo exagerada, sin legislar para evitarlo y, lo más desgarrador, se recorta año tras año contra la violencia machista. Nos dicen que es homófobo y nos parece mal en el país del “que no lo llamen matrimonio”, en el que el PP recurrió ante el Constitucional la ley que permitió casarse a dos personas sin importar su sexo.

Nos sorprende el que un defraudador confeso como es Donald Trump gobierne el estado más poderoso del mundo, en el país donde gobierna el PP, un partido cuya sede ha sido registrada una y otra vez y sus dirigentes huelen a sobre con dinero negro, comisiones y muchos duermen ya en la cárcel.

Nos alertan en los medios del rebrote del fascismo, aquí, en un país gobernado por el partido que dio continuismo al régimen, fundado por siete ministros franquistas. Un país en el que se nos ha contado esta semana que se decidió no dar a elegir al pueblo entre monarquía o república, porque sabían por las encuestas que, ante un referéndum,  Juan Carlos, el cachorro de Franco, no habría sido proclamado rey.

Claro que, la ceguera periodística huele a impostada y disimulada. La misma prensa que se lamenta y nos advierte hoy, hace tan solo un mes alineó editoriales para apoyar la salida de Pedro Sánchez del PSOE y tratar de perpetuar así la alternativa bipartidista con la neobisagra de Ciudadanos bendecida por el IBEX. Es la prensa que pone el dedo acusador en el pueblo. Vosotros, pobres ignorantes, gente sin formación os habéis equivocado votando el Brexit y a Donald Trump. El análisis del nivel de cultura de los votantes suele tener un uso mezquino (autorizando o desautorizando al pueblo poniendo su nivel formativo como excusa, como si éste tuviera que ver con algo con la cultura o la inteligencia y por supuesto que nada sobre la capacidad y derecho a decidir) e interesado, ya que solo se desgrana el voto en estos términos cuando interesa al establishment. En España, por ejemplo, este análisis por capas sociales es desfavorable para el sistema y no se eleva a debate público.

Es la misma prensa que dedica horas en campaña demonizando a Venezuela cuando toca campaña electoral, supuestamente en pro de los derechos humanos y silencia cuando los opositores venezolanos llegan a quemar guarderías y a matar policías en sus revueltas. Esa prensa que acompaña servilmente a la Casa Real a países como Arabia Saudí en los que se asesina, se lapida, se anula a la mujer, regímenes a los que vendemos armas que en ocasiones acaban en manos terroristas a cambio de dejarnos construir, lo que único que podemos ofrecer (camareros allí no, porque beber cañas está prohibido)  y permite jugosas comisiones. La prensa que no se mira el ombligo cuando en su propio país se encarcela a un titiritero o se juzga reiteradas veces, tras varios carpetazos judiciales “re-resucitados”, a un concejal que entrecomilló un chiste en Twitter hace cinco años y en el que montones de sindicalistas permanecen encarcelados tras flagrantes montajes policiales, algunos bajo la etiqueta de terroristas.

Pero no pasa nada. Advirtamos al pueblo que hemos etiquetado previamente de idiota. No os paséis, hay que ser liberal, conservador o socialdemócrata, sobre todo bipartidista, como mucho votad a Albert que es buen chaval y va a vigilar las corruptelas, pero no votéis a los fascistas que se nos va de las manos, por Dios. Y a ver si os va a dar un día por votar a los rojos, que son lo mismo: populismo. Ya se ha desempolvado el término apresuradamente tras la victoria de Trump para colocar en el mismo rasero a un magnate casposo y a personas de izquierda, con formación y experiencia específica en militancia social y política.

Y ante todo esto ¿qué hacer? Para mí es necesaria educación y pedagogía. Si los medios de comunicación hicieran su trabajo, habrían abierto sus diarios e informativos desde hace meses explicando al pueblo sin tibieza y con firme denuncia pública antes de las elecciones, que Donald Trump es un machista y un racista y que no puede gobernar Estados Unidos, debiendo ser apartado, investigado y juzgado por sus conductas. Pero también explicarían que el Partido Demócrata no ha hecho nada por el racismo, por la desigualdad social, por la paz mundial, por los palestinos, por los refugiados, por nadie. Obama no ha cerrado Guantánamo. Con él han aumentado los crímenes raciales. Ha recibido el Nobel de la paz, siendo el Señor de la Guerra. Tal vez así Hillary Clinton tampoco habría sido candidata.

Nos explicarían sobre Europa que Lepen es fascista y racista, como Trump. Pero también que Hollande y Valls no hacen nada por la lucha antiterrorista, solo tirar bombas en momentos de duelo, que no apoyan la integración cultural y social de las generaciones marginadas en sus guetos. Europa mercadea con los refugiados, incumpliendo compromisos y comprando a Turquia su custodia. Y mientras, vendiendo armas, muchas armas, España a países que no respetan los derechos humanos y apoyan a grupos terroristas. También nos dirían que Trump es una desgracia, pero que tuvo un gran maestro en nuestro amigo Berlusconi.

En España deslegitimarían a la clase política al servicio de políticas liberales que favorecen a grandes empresarios y castigan al pueblo a base de recortes, desigualdad y desahucios. Los medios deberían ser implacables con el machismo en sus filas y despedir redactores y columnistas que cada día escriben barbaridades, clausurar programas en los que el machismo es protagonista, como el de Bertín, o Mujeres Hombres y Viceversa y denunciar en sus cabeceras declaraciones, legislaciones y decisiones públicas que aumentan la brecha de la desigualdad y desprotección machista.

Ellos no nos lo dicen, pues nos lo tenemos que decir nosotros. Necesitamos educación, pedagogía y debate, mucho debate. Para ello, aprendamos a reconocer a través de la figura de Donald Trump en qué mundo vivimos, machista, racista y desigual. Pero era así antes y lo es ahora. Y lo hubiera sido con Hillary al mando. Únicamente le hemos puesto nombre y hombre. Tal vez esto nos permita pensar. Tenemos cuatro largos, blancos y patriarcales años.

 

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