La denuncia de María.

Martes, 22 horas, en una comisaría de Madrid.

Fuimos a denunciar el robo del bolso con rabia por el disgusto, pena por el valor de lo perdido, angustia por todos los trámites que quedaban por hacer, miedo porque los ladrones tenían las llaves del portal, aunque en cierto modo aliviados porque hemos cambiado la cerradura de nuestra casa rápidamente. Creíamos que iba a ser cosa de cinco minutos porque habíamos hecho la denuncia por internet y únicamente tendríamos que firmarla. Pero no fue así.

Mientras esperábamos, llegó María:

  • ¿Qué ha sucedido? Le preguntaron en la recepción.
  • Mi exnovio me ha pegado.
  • ¿Hoy?
  • No, el domingo
  • ¿Por qué no vino antes? (era martes). Siéntese allí y espere un momento.

Pronto salió “Policía número 1”, rubio, muy rubio, casi albino. Con bastante cercanía y de paisano, se sentó junto a María que tenía un brazo escayolado. Tuve la sensación de que el calor de Policía 1 no servía de mucho porque nos encontrábamos en una fría sala de espera abierta, en  una comisaría gigantesca,  por la que pasaban numerosos funcionarios bromeando para sobrellevar lo mejor posible el trabajo nocturno y en la que cada día habría gente como nosotros que tenía un gran disgusto, pero no su vida rota y, en esas condiciones, personas como María tienen que explicarle a un desconocido de qué manera ha sucedido todo. Tal vez sería mejor que ese relato se produjera en una sala más íntima. A pesar de todo, ella estaba con admirable entereza.

María le contó a Policía 1 que el domingo iba a dormir en casa de su madre y no pensaba ir por su casa, pero al final decidió pasar en ella un rato por la tarde. Tenía la música muy alta y llamaron a la puerta. Pensó que era un vecino que le iba a pedir que la bajara y abrió con el ánimo de pedir disculpas. Pero era él, su exnovio. Entró en la casa gritando. “¡Estás con alguien!”, mientras intentaba seguir avanzando por el pasillo para comenzar su histérica búsqueda. Ella forcejeó con él para que no consiguiera pasar, pero él la empujó. Tiene fracturas y fisuras en la mano y el brazo, además de un esguince cervical. Ella da gracias a que su compañero de piso estaba en la casa.

Además de la agresión, estaban ante allanamiento de morada, según Policía 1. María, con dudas sobre este último punto, explica que no quiso denunciarle, ya que la casa en la que vive está alquilada a nombre de su compañero de piso y de su ex pareja, aunque ella paga el alquiler desde su cuenta, algo que puede demostrar con justificantes. La razón es que no tienen todavía el NIE, algo para lo que debe quedar poco tiempo. Explica que hoy martes se decidió a denunciar porque le ha visto merodeando otra vez por su casa y por su trabajo y siente miedo por su hijo de 8 años, que por suerte no estaba en el momento de la agresión y ahora mismo está en casa de la madre de María.

María había tenido una relación de dos años con esta persona, que ella decidió romper en mayo al descubrir una infidelidad. Ahora estaban planteándose volver. Él quería regresar al piso donde habían vivido juntos y ahora vivía María con un compañero de piso (al que supongo amigo común de la pareja), pero ella le dijo que todavía no era el momento, algo que según relataba María le enojó en la mañana del día de la agresión cuando se lo comunicó por teléfono.

El policía ofreció a María elegir entre declarar con abogado de oficio o hacerlo sola, pudiendo contar con su abogado más tarde cuando ella lo desee. Ella eligió declarar sola y al día siguiente confiar en su abogado. Policía 1 le indicó que debía esperar allí mismo. Ella aprovechó para hacer varias llamadas. A su madre y a su compañero de piso, al que le comentó en tono de súplica que esperaba que esto no afectara a la convivencia y pudiera seguir viviendo allí con él.

Yo escuché todo aquello acongojado, en silencio, con los ojos encharcados, sintiéndome hasta mal porque hasta que llegó ella me importaba mucho algo material, el valor del bolso que nos habían robado que se llevó los ahorros de unos meses de mi pareja, su único capricho en años, en vez de dar gracias permanentemente por estar relativamente bien con mi vida. Quedé lleno de rabia por lo injusto que es que las vidas de María y su hijo hayan quedado marcadas para siempre por ese cabrón. En ese momento entra otra señora. Más alejada de nosotros, en el mostrador y en voz alta, nerviosa todavía porque se adivina reciente el suceso, explica al policía de recepción que su marido acaba de amenazarla de muerte a ella y a sus hijos. No doy crédito. Por mucho que veo noticias, que lea numerosos relatos de mujeres que narran en redes malos tratos, agresiones, violaciones, micro y macro machismos, el hecho de llevar apenas 20 minutos y encontrarme ante semejante drama, tan cerca y de un modo tan horriblemente cotidiano que se adivinaba en la cara de los policías, hace que me derrumbe y rompa a llorar. Y lloro más cuando me fijo en que ellas que, lejos de llorar como yo, están enteras. Son las agredidas y ya no lloran. Lo que me conmueve es que las imagino enteras porque porque sus almas  están rotas, vacías. Les han arrancado todo lo que tienen dentro y las han machacado por fuera, como si fueran una estatua hueca a la que el tiempo le ha borrado la expresión.

Media hora después Policía 1, ya de uniforme, nos invita a pasar a María y a nosotros dos a la sala de declaraciones. Aunque ella tardó unos segundos en alcanzar la puerta por la que yo ya había pasado, esperé a que también entrara María porque ella no sería capaz de abrirla, ya que llevaba su bolso y los papeles con una mano, porque la otra la tenía escayolada desde los dedos hasta casi el hombro. María declararía con Policía 2, moreno, con barba de pocos días pero muy perfilada, más joven y parece que menos cercano. Tal vez no convenga ser muy cercano para tomar una declaración y así ser objetivo, igual lo mejor es comportarse casi como una máquina. Pero al verles pensé que para antes y después de una declaración y en los intervalos de la misma, es necesario que en un caso de violencia machista se imponga una cercanía que consiga empatizar lo que esas mujeres llevan dentro, especialmente el miedo.

Mientras nosotros ampliábamos con Policía 1, que se encargó de nuestra declaración, datos poco relevantes la declaración hecha por internet, como la marca del bolso o todo lo que contenía (ya que damos por hecho que no vamos a recuperar nada), María le contaba otra vez la historia a Policía 2.

Él tardaba mucho en anotar cada uno de los trozos de relato de María. Entre pasaje y pasaje, haciendo gala de la falta de cercanía que le presumí, se dirigía a ella a veces casi reprendiéndola:

  • Esto del alquiler, hay que cambiarlo, ¡hombre!
  • Ya, es que por eso no le denuncié.
  • Bueno, una cosa no quita la otra, hay que denunciar… pero claro, es que si tiene llaves…
  • No tiene llaves.
  • Ah, no tiene llaves.
  • Sí, ya le he dicho, debió entrar en el portal detrás de algún vecino y yo le abrí pensando en que era alguien que me iba a pedir bajar la música.
  • Bueno, y que me aclare yo, me dices que es tu exnovio y ahora me dices que estabais volviendo. ¿Cómo es eso?

En ese momento Policía 1 acaba con las firmas de nuestra denuncia y mientras cuadra los papeles de todas las copias y los grapa dos a dos, nos dice sonriente y en voz alta, tan alta que María lo oía fácilmente:

  • Qué suerte habéis tenido de pasar, eh! Con dos violencias de género, si os llega a tocar esperar a que acaben las dos, habíais tardado tres horas, porque son larguísimas, jajaja.

Me horrorizó el comentario, más en presencia de María, pero traté de salir del paso con un “ajá”. Nos despedimos y les deseamos buenas noches. Sobre todo a María, aunque ella no lo supiera.

DE QUÉ HABLAMOS, CUANDO HABLAMOS DE LUIS, HABLANDO DE CORRER

En apenas dos años cambié tres veces de casa, superé muchos cambios a nivel personal y en mi entorno familiar, monté una empresa, me inicié en múltiples actividades como la música, el teatro, aprendí un idioma nuevo y comencé a correr.

Tal vez, si mi vida no hubiera cambiado tanto no habría empezado a correr. Probablemente, correr sea de todas mi evolución más superficial, pero a la que más tiempo dediqué: entrenamientos, lesiones, consejos, risas, ropa nueva, gadgets, nuevos temas de conversación, afán de superación y comentarios, muchos comentarios: “vaya pintas”, “¿no estás un poco mayor?”, “te vas a hacer polvo las rodillas”.

contra-el-runningMuchos de esos comentarios y algunas preguntas salieron de la boca de Luis de la Cruz (@eltransito), autor del ensayo “Contra el running, corriendo hasta morir en la ciudad postindustrial“, con quien comparto antigua y eterna amistad, próxima a la hermandad, en los últimos años alimentada además por la vecindad. Cada vez que me los hacía, aunque iban cargados de cariñosa ironía, en el fondo parecían albergar un punto de interés. Yo estaba más que seguro que esa atención por el deporte de correr, no iba a llevar a Luis a trotar a mi lado con unas mallas apretadas y una camiseta ajustada de color chillón, cronómetro en muñeca. Por eso algo se olía que tramaba, que tardé tiempo en descubrir.

Cuando me dijo que le habían propuesto escribir este ensayo empecé a entender todo. Luis estaba siguiendo de cerca al runner, como uno de los cada vez más habituales ocupantes de la ciudad de la que Luis es un enfermo estudioso, Madrid, y estaba tratando de conocer el porqué de su proliferación masiva en nuestras calles en los últimos años.

Fui de los que pudo leer un borrador de su ensayo y tal vez el que más polemizó con él. Claro que Luis, polemista innato (al que de broma siempre le otorgo la capacidad de estar a la vez en contra de dos que entre sí están en contra), había conseguido su objetivo. Tras una primera lectura en diagonal y después de felicitar a Luis por lo bien documentado y escrito que encontré su texto, mi mayor debate fue el título, que contenía la aparentemente agresiva frase “Contra el Running”. Como habitual corredor, me sentí aludido. Tras una segunda lectura más reposada del texto ya definitivo y con cierto paso del tiempo y de evolución personal, he de “envainármela” y simpatizar no sólo con el texto, sino entender lo que Luis pretende con el título.

La reflexión global del ensayo, no solo se ciñe en la práctica de un corredor cualquiera que desee despejarse o ponerse en forma cuando calza sus zapatillas a lo que nadie puede dotar de connotaciones negativas, sino en cómo, dónde, con quién y cuándo lo hace, el uso del espíritu de superación que parece se exige al ponerse a correr hoy en día, el modo en el que se practica ese deporte según clase social y sexo y el grado de exhibición de los resultados del mismo. La reflexión no se queda únicamente en la práctica del running, sino que analiza el comportamiento del individuo en el espacio urbano y la ocpuación del mismo en la sociedad actual, frente a lo que antes significaba el salir a hacer footing o mejor aún, salir a correr.

san-silvestreCon todo ello, el autor no pretende ni mucho menos convencernos para colgar las zapatillas, sino que investiga y razona el camino que ha llevado a que en cada San Silvestre, 40.000 almas paguen 23 € para lucir el logo de Nike sobre una camiseta de color fosforito, para después pasearlo por los parques de nuestra ciudad durante todo el año siguiente. Es indudable que estamos ante un fenómeno que, como cita el autor, mueve un volumen de negocio de 300 millones de euros al año en España y practican unos dos millones y medio de personas en nuestro país. Las ventas de zapatillas se han doblado entre 2009 y 2013.

El libro, aunque especialmente a los corredores nos hará discrepar en alguno de sus planteamientos, nos invita a practicantes y no practicantes a reflexionar sobre los devastadores efectos del capitalismo sobre ésta y cualquier práctica extralaboral, frente a los que, a quienes nos gustaría escapar de ellos, nos hace enfrentarnos a constantes contradicciones. En mi evolución sobre la práctica de salir a correr de la que antes hablaba, por ejemplo, he decidido no correr ninguna carrera cuyo único motivo sea un patrocinio, únicamente las que se desarrollen con un motivo o en un entorno que signifique algo para mí, como la popular de mi barrio (Tetuán), la organizada en mi lugar infantil de veraneo (Pedestre de Guadarrama) o la San Silvestre Vallecana, porque he convertido en tradición en correrla con mi hermano, por supuesto sin inscripción para promocionar a Nike y sí con la camiseta del Rayo Vallecano para recibir la gloria del público al enfilar la cuesta de la Avenida de la Albufera.

Con estas contradicciones nos enfrentamos todos los días por innumerables motivos. Por los horarios de nuestros trabajos, cuando nos vemos comprando una camiseta made in Bangladesh, usando un móvil con coltán de más que probable cruento origen, cuando vamos a tomar un aperitivo y nos encontramos con que lo llaman brunch, cuando nos pedimos una ginebra con cosas en un afterwork y hasta el propio autor del ensayo, cuando me lo cruzo en el barrio yendo a comprar a un súper abierto en domingo con una lata de Coca-Cola en la mano. Pero los que como él y como yo queremos algún día vivir sin tener que sentirnos mal por nada de lo que hacemos, en una ciudad con espacio diseñado por los ciudadanos y no por y para las empresas, nos vemos obligados a reflexionar y a compartirlo.

Y los que saben escribir y documentarse como Luis van y sacan un libro editado por Piedra Papel Libros, que podéis comprar por solo 6€, menos de lo que cuesta apuntarse a cualquier carrera. Os lo recomiendo, corráis o no.

Cuando fuimos ganando

Rayo Real MadridRayo Vallecano – Real Madrid. En el minuto 14 íbamos ganando 2-0 los de Vallecas. Increíble. Parecía que estaba más cerca lo que siempre soñamos cuando jugamos contra un grande, ganarles algún día. Siempre empezamos jugando mejor ya que Paco Jémez, tal vez el entrenador más valiente de primera división, obliga a sus jugadores a jugar igual de ofensivo sin importar el rival ni el resultado. Sabemos que es difícil hacer gol a estos equipos. Sus jugadores, además de tener una calidad extrema, tienen una condición atlética insuperable.

Así pasa muchas veces en la vida. Alguien consigue que nos creamos que lo tenemos. Dejan que nos ilusionemos. Que nos pongamos 1-0. Incluso 2-0. Sabemos que es difícil terminar ganando, que seamos los ciudadanos y las personas las que ganemos. Que lo más importante sea nuestro bien estar o como mínimo nuestra salud. O por lo menos la educación de los más pequeños. O siquiera tener qué llevarse a la boca.

Pero no, el poder juega con nosotros.

Aquel sábado mientras mandaba mensajes a amigos madridistas con la foto del 2-0 en el marcador, sabía que probablemente el Rayo Vallecano acabaría perdiendo. Pero quería disfrutar de ese momento. Con el 2-1 y con el 2-2, que seguía convalidando como heroicidad, creció el nerviosismo. Con el 2-3 sólo quedaba la esperanza de “y si al menos metiéramos otro, aunque fuera en un descuido”. Mientras lo esperábamos, nos contentábamos gritando señalando con el dedo a los Ultra Sur “todos los fachas, fuera de mi barrio”.

No llegó el gol. Los humildes siempre pierden.

La mujer que limpia para el centro de oficinas en el que trabajo lleva seis meses sin cobrar. Su jefa dice que solo le debe uno. El día de su cumpleaños le cortaron la luz porque no puede pagarla. Tuvo que pedir una pizza que para ella es carísima, para comerla con su hija y su nieto con quienes vive. A los dos días nos decía que solo quería cobrar para mandar dinero a sus familiares cuya casa se destrozó en Ecuador por el terremoto. ¿Qué salida tiene? Seguir trabajando gratis, a ver si algún día cobra una parte de su deuda. Mientras, esclavismo.

Nos dijeron que llegaba la vacuna de la Hepatitis C. Viene pronto, en breve. Ya está aquí, en muy poco tiempo la suministraremos. Ya la estamos suministrando, pero aquí no, paciencia. Ya la suministramos aquí, pero a usted no, espere. No me pregunte, sólo aguante. Vaya… por poco…se murió. ¿Cuántos enfermos se han muerto creyendo que llegaría el medicamento? Asesinos.

España es precaria. Es mentira que haya recuperación. Cada vez hay más becarios el 61% no cobra y el 73% de los que cobran dicen que la beca no sufraga gastos mínimos. Yo tengo una empresa. Tengo una becaria. En el convenio con su universidad me daba a elegir si la práctica era remunerada o no. Si lo era, yo decido lo que quiero pagar. Vergüenza. Si hubiera querido, tendría una esclava. En España se calcula que hay 180.000 jóvenes esclavos sin cobrar ni un duro.

Conozco muchos casos cerca de mí de precariedad laboral de mujeres formadas y con experiencia. Su problema: estar presuntamente cerca de que se les pase por la cabeza tener hijos. Encima, tienen que aguantar las preguntas ilegales: “tienes pareja?” o “tienes hijos?”, sin poder contestar como se merecen, por si aún quedan opciones de conseguir el puesto en esa entrevista. Discriminación.

Nos dicen que es una pena la foto del niño muerto en la playa, que vamos a hacer algo con los refugiados. Decimos que vendrán 17.000 y vienen 17, pero bueno, nos piden paciencia a los que nos indigna y mientras los colocamos en Turquía por cuatro duros a los que podamos y los que no, que se ahoguen como el niño muerto. Asesinos.

Y así podría seguir. Nos dicen en el telediario que hay recuperación, o sea, que vamos ganando 2-0. Pero cuando miramos hacia otro lado nos meten tres goles y nos vamos a casa perdiendo, una vez más.

Nos toca votar y nos dicen los sondeos que vamos reventar las previsiones. Algo va a cambiar. Ya no van a gobernar. Es mentira. No queríamos que nos gobernara ni PSOE ni PP. Tal vez nos gobiernen los dos. Nos dejaron ir ganando. Nos empataron. Y cuando quisieron, nos ganaron.

Martín Presa FlorentinoCuando metimos el 2-0 comenzó a diluviar. Los poderosos tenían cobijo. El presidente del Rayo se empapaba, como mis amigos y yo en nuestra zona de la grada. Mientras, el magnate Florentino utilizaba su acogedor paraguas. Parecía un aviso, como si de lo que estábamos disfrutando mereciera un castigo. Cuando comenzó la remontada madridista salió el sol. Parecía todo en su sitio de nuevo.

Hemos bajado a segunda. Me refiero al Rayo Vallecano. A España también.

Creo que pronto volveremos. Y cuando volvamos, os empataremos. Y después de empataros, os ganaremos. Me refiero al Rayo Vallecano. A España también.

 

El Ministro del Interior no es Cristiano

  cristiano-belenSi se hubiera filtrado una grabación de algún periodista del corazón o deportivo urdiendo algún montaje contra Belén Esteban o Cristiano Ronaldo, en España no se hablaría de otra cosa. Si fuera sobre el madridista, el presidente del gobierno además estaría enterado porque el Marca lo llevaría en portada. Todas las televisiones hablarían de ello. Habría especiales, polígrafos, denuncias, debates, juicios mediáticos y reales. El país estaría patas arriba.

Pero no, no es el caso. Las grabaciones que son noticia son silenciadas en la televisión pública. En algunas privadas son noticia, pero tapada y contrarrestada a continuación con una noticia de la omnipresente Venezuela (que todos olvidarán el día 27 de junio). Sólo cuatro tuiteros tratan de hacer el ruído que hace en unos pocos que el asunto sea trending topic durante un día.

Las grabaciones destapadas por Público pertenecen al Ministro del Interior intentando encontrar pruebas contra los partidos independentistas catalanes. El director de la Policía y la Guardia Civil. Ese que dice que tiene un ángel que se llama Marcelo que le ayuda en todo lo que hace, sobre todo para que no le pongan multas. El que da medallas a las viírgenes. El que nombra comisiario honorifico a Francisco Marhuenda. El que es responsable de varios de los informes filtrados sin sello ni origen claro, que la prensa cómplice airea sin comprobar su veracidad para intentar dañar a Podemos. El responsable de los guardias civiles que dispararon balas de goma en el agua a los quince inmigrantes que se estaban ahogando. El que se inventó que el día del asesinato de Jimmy había bukaneros. El hombre en cuyo mandato se ha detenido a Alfon, anarquistas, tuiteros, cantantes y titiriteros.

La publicación de las grabaciones supone probablemente el escándalo más grave conocido en la Administración pública después de los GAL. El responsable de la seguridad nacional tramando planes para cargarse mediáticamente a adversarios políticos. Nadie dimite.

Screenshot_20160623-231814~2El domingo Jorge Fernández Díaz es el responsable del traslado y recuento de nuestros votos. Él no se va. Su jefe no le va a echar. De nosotros depende que cuando termine de contar los votos, tenga que hacer las maletas y se vaya a su casa.

Echemos a los cerdos de la pocilga en la que han convertido este país. Saquemos a las ratas de las cloacas mediáticas.

APRENDE A DETECTAR A UN CUÑADO


risitasCada vez es más usada la denominación de “cuñado” sobre aquellos amigos o familiares que en una comida, preferentemente de Navidad o cumpleaños, te dicen que el marisco lo habían comprado ellos más barato, te convencen de que el último móvil que te has comprado y te ha costado medio salario es una mierda, tiene la solución para que tus niños recién nacidos dejen de llorar por la noche y nadie más que él tiene la receta de la paella.

Sin embargo, fuera del entorno de mesa y mantel, puede ser más difícil identificar a un buen cuñado. Incluso es posible que alguna de las personas que esté leyendo esta entrada, dude si forma parte de la raza cuñada. Sirva este post para saber si convivís con un cuñado o para haceros un autoexamen y así saber pertenecéis a esta estirpe.

En el origen de la especie, un buen cuñado no emitía su opinión sobre cualquier tema de economía, política o sociedad, hasta que Arturo Pérez Reverte no escribía un artículo al respecto. Sin embargo, debido al carácter altamente contagioso del cuñadismo, el patrón de opinión se ha extendido rápidamente. Extraigo los principales elementos de opinión que te distinguen si eres un buen cuñado:

  • Votas a Ciudadanos. Cuando se te pasó la primera vez por la cabeza hacerlo te creíste un poco gamberrete por no votar al PP como has hecho hasta ahora (menos la vez esa que siempre cuentas que votaste al PSOE en unas europeas porque eres apolítico y te dan lo mismo los unos que los otros y te decepcionaron). Ya encantaban los conservadores bien parecidos con los que se presentaba, pero han sido clave los personajes de Tele 5 de los 90, para captar la atención de cuñado medio.
  • Lo más probable es que seas del Real Madrid. Aunque ojo, el cholismo ha traído al país una plaga de cuñados del Atleti. No es incompatible ser de otro equipo que no sea el Real Madrid con ser cuñado, siempre que odies a muerte a Piqué.
  • No entiendes el feminismo. El argumento es claro y conciso: estás en contra tanto del machismo como del feminismo, porque no está bien combatir un extremismo con otro. Lo de las mujeres asesinadas, maltratadas y acosadas, la desigualdad laboral y esas cosas, ya tal.
  • Pueden desahuciar a tu vecina o agredir a tus familiares, que te molestará bastante menos que cuando alguien insinúa que Rafa Nadal se dopa. Rápidamente inundarás las redes sociales con virulentas denuncias públicas, incluido Twitter, donde tienes menos de 10 seguidores y conservas un huevo en el perfil. Esto es aplicable con cualquier deportista de éxito español, menos con Alberto Contador y Marta Domínguez, aunque no te acuerdes muy bien del porqué.
  • Eres de mente abierta y estás a favor del aborto en supuestos como el de que un alien viole a una mujer, que un feto vaya a salir con más de tres cabezas o se prevean para la madre complicaciones en el parto hasta el punto que pudiera estallar, volando por los aires uno de los hospitales de todos esos que inauguró Esperanza Aguirre y sería una pena porque eso y los pantanos es de lo mejor que tiene este país. Pero financiar el aborto de una niñata que se queda embarazada a costa del Estado en el resto de supuestos, no te parece bien.
  • Consideras que todos los políticos son iguales. Los que tienen a la Guardia Civil día sí y día también en su sede y los que no. Todos iguales.
  • Te encantan los grandes empresarios. No te importa que tengan esclavos en Bangladesh o Brasil para fabricar, que paguen sus impuestos fuera y tengan sus cuentas en paraísos fiscales, porque luego hacen una donación a una ONG y les perdonas. Además salen en la lista FORBES y eso te pone mazo.
  • La culpa de la crisis la tienen los funcionarios que son unos vagos, los autónomos que son unos jetas, los que se metieron en hipotecas porque son unos inconscientes y los inmigrantes que no son trigo limpio (menos los que te hicieron la obra, los que te limpian la casa y los que cuidan a tus hijos).
  • Tienes varios amigos maricas y te parece bien que se casen. Incluso, después de unos años de reticencia, te parece bien que lo llamen matrimonio. Pero lo de adoptar sigues sin verlo. Piensas “qué educación van a tener, saldrán gays como los dos padres o las dos madres… ojo, que no tengo nada en contra, pero tampoco es eso”.
  • Lo que más te importa del funcionamiento de una ciudad son cosas como la presencia de grafitis en las paredes y los okupas aunque sea en pisos vacíos de bancos que han arruinado al país, porque la propiedad privada hay que respetarla. La calidad de los servicios, la gestión económica y la transparencia, ya tal.
  • El cambio climático te la pela, crees que es mentira. No reciclas el plástico porque te han contado que luego lo mezclan con la basura normal. Tampoco el cartón porque se lo llevan los rumanos para venderlo. Piensas que los vegetarianos son gilipollas y cuando la OMS anuncia que el embutido es malo te compras un sobre de mortadela (de pavo, eso sí) y pones una foto de un bocata en Facebook para hacerte el rebelde.
  • Te encanta decir en las conversaciones políticas las expresiones “Papá Estado” y “Estado de Derecho”, aunque no peguen ni con cola.
  • No pisas la iglesia y reconoces que la Familia Real chupa del bote, pero siempre te han parecido fenomenal los papas y lo reyes. Cuando se meten con la Iglesia Católica te encanta decir “con el Islam no te atreves”.
  • Cuando palmaron Bowie y Prince compartiste vídeos llamándoles genios, aunque no has escuchado una canción de ellos en tu puta vida. Estos días estás compartiendo frases de Mohamed Alí que jamás has escuchado, diciendo que se nos va un grande.
  • Lo único que te gusta de la Sexta son los economistas que salen con la pizarra. Atiendes un huevo para luego poder explicarle el domingo a tus suegros cómo funciona la economía.

Si tras este análisis político, social y económico no lo tienes claro, puedes fijarte en respuestas fisiológicas. Por ejemplo, si viendo el Hormiguero se te pone morcillona, es probable que seas un cuñado. Si cuando fue Bertín Osborne de invitado mojaste los gayumbos, no hay duda.

También es posible fijarse en sucesos acaecidos en tu juventud, momento en el que, aunque no existía el fenómeno cuñado, las primeras larvas anidaban en nuestro país. Si hoy eres un cuñado, en su momento te creíste que KAS, Eroski y la Oreja de Van Gogh financiaban a ETA. Posees una marca mínima de al menos 50 reenvíos de PPTs que advertían de una alerta de atentado, en cuyo asunto se afirmaba que la fuente era un “cuñado” Guardia Civil. Esta candidez mediática explica que hoy seas carne del periodismo que consigue que pases el día hablando de Venezuela sin tener ni puta idea de lo que pasa allí.

Si no lo tienes claro, revisa tus usos y costumbres. Si te sorprendes a ti mismo plegando los retrovisores siempre que aparcas, aunque sea en la Castellana, si sigues teniendo barra antirrobo en el coche o si cada año corres la San Silvestre disfrazado para retirarte antes del kilómetro 3, es bastante posible que seas un cuñado.

Si después de leer el post te sientes cuñado, no  te preocupes, cada días sois más. Es posible que en pocos años sea casta dominante en España. Y recuerda, es contagioso. Utiliza cualquier comida o cualquier reunión para extenderlo. Pronto dominaréis España.

No estuvimos en el 15M para que ahora votes a Ciudadanos

Son las 9 de la mañana de un sábado dentro de un puente y aunque hoy podría permitírmelo sin límites, no puedo seguir durmiendo. Mañana, además de ser el día de la Constitución, es mi cumpleaños. Confieso que es la primera vez que me preocupo por el número de años que cumplo, peligrosamente cercano a los 40. Tal vez eso y que el puente no me vaya a permitir hacer una celebración entre amigos me tenga inquieto. Pero mi mente, después de repasar algunas preocupaciones laborales que tengo por en medio, alguna cena y evento navideño, se va al día 20 de diciembre. El otro día recibí una llamada de un desconocido (que tiene mi teléfono por encontrarme en alguna de las listas de distribución en las que me he apuntado en el último año) que acabó en un café pactado para este lunes. Sé que me van a pedir que me implique en la campaña y en el día de las elecciones. No sé qué decirle. Por un lado, aunque cada día tengo más ganas de implicarme de alguna manera en política, a la hora de ponerlo en práctica no me gustan los partidos. Pero estoy preocupado por seguir cumpliendo años y ver que nada cambia. Mientras decido lo que hago el lunes, tengo que escribir este post, contando algo que me disgusta del panorama que se esboza en la política de España.

El 15 de mayo de 2011 asistí a una manifestación de las que tantas veces por desánimo había rechazado ir. Eran muchas las convocatorias que se realizaban cada mes y que aun contando con la simpatía de mucha gente, acababan mudas por asistencias que se podían cifrar en cientos. En aquélla ocasión se consiguió por alguna razón que nos contaran en miles. Se llenó el centro de Madrid y fue muy emocionante.

15MRecuerdo que al día siguiente, algún amigo (seguramente Luis, que es el que se entera primero de todas estas cosas), nos contaba que había unas decenas de personas que se habían quedado a dormir en Sol y que aunque la Policía había intentado desalojarles, habían resistido. Comenzó un apoyo creciente para dar ánimo y continuar la protesta del domingo. Al volver a mi casa decidí pasarme un rato y verlo. Aluciné. Al día siguiente la cosa se desbordó y al salir del trabajo ya había quedado con amigos y fuimos. Había estallado el 15M. Pero no era noticia aún. Los periódicos y las televisiones lo silenciaban. Entre los que no habían ido se movían los rumores. Me acuerdo que miércoles 18 había tres compañeras en la oficina que hablaban en bajito pero demasiado cerca de mí para que no las escuchara, de lo que pasaba en la plaza. Una de ellas dijo “pues ‘X’ (no recuerdo cómo se llamaba su pareja) quiere ir esta tarde”. Otra de ellas dijo “no me digas tía, si lo han prohibido”. En ese momento sonreí para mis adentros para que no supieran que estaba escuchando y comencé a redactar un email que ilustré con una foto cenital de Sol repleta de gente, de esas que aún sólo circulaban por Twitter y no salían en portadas. El asunto del mensaje era “¿creéis que esto se puede prohibir?” Cuando se sentaron y leyeron mi email vinieron a mi mesa para preguntarme qué estaba pasando y que si se podía ir tranquilo. Expliqué que sin problema y que para mí estaba siendo muy emocionante el fenómeno de amalgama de gente tan dispar, un sumidero de rabia bien canalizada, sin violencia, con debate en la calle, sin fisuras y desde el pueblo. Estuve en Sol cada uno de los días hasta las elecciones del día 22, día en el que todos los que estábamos allí nos llevamos un nuevo revés electoral.

Pero algo había cambiado. Después de muchos años la calle tenía voz. Y esta vez tenía voz porque la gente se estaba ocupando de sí misma, no salía por condenar el horror de una guerra a muchos kilómetros o una barbarie terrorista que dañaba a otros conciudadanos. Hablábamos de nosotros mismos y de nuestro malestar y lo hacíamos unidos, sin etiquetas, sin banderas. Se debatía en la calle de política, de corrupción, de sanidad, de economía, la gente se organizaba, viejos y jóvenes, muchas veces con niños de la mano, compartían unos sus historias personales y otros sus ganas de cambiar las cosas para siempre. En las noticias se podía escuchar “el colectivo 15M opina…” sobre temas capitales en la política y la economía. Se cuestionaban los desahucios, se denunciaba a Rodrigo Rato. La calle afilaba sus uñas.

Cuatro años y medio después nos encontramos en (más…)

Bienvenidos a Alta Suciedad

INAUGURACIÓN ALTA SUCIEDAD Alta Suciedad es un blog personal abierto para contar lo que muchas veces se me pasa por la cabeza en un lugar más amplio y estático y menos  intrusivo y volátil, que el muro de Facebook o un tuit.

Escribiremos de la vida, de política, música, religión, deporte, del olor de las nubes, de sexo, gatitos, poesía, cocina y de todo lo que crea que podemos echar un rato interesante reflexionando. Ojo, hablo en plural. Es un blog personal pero no os relajéis porque pienso haceros currar. Periódicamente nominaré públicamente a algun@ de l@s que estáis leyendo esto y os obligaré a escribir sobre un tema; el que a mí me dé la gana. Si os negáis perderéis mi amistad, así que puede que pasen dos cosas: que me quede solo en la vida o que me quede un blog cojonudo. Vosotros decidís.

Gracias por leerme y gracias a Luis por montarme el teatrillo.