DE QUÉ HABLAMOS, CUANDO HABLAMOS DE LUIS, HABLANDO DE CORRER

En apenas dos años cambié tres veces de casa, superé muchos cambios a nivel personal y en mi entorno familiar, monté una empresa, me inicié en múltiples actividades como la música, el teatro, aprendí un idioma nuevo y comencé a correr.

Tal vez, si mi vida no hubiera cambiado tanto no habría empezado a correr. Probablemente, correr sea de todas mi evolución más superficial, pero a la que más tiempo dediqué: entrenamientos, lesiones, consejos, risas, ropa nueva, gadgets, nuevos temas de conversación, afán de superación y comentarios, muchos comentarios: “vaya pintas”, “¿no estás un poco mayor?”, “te vas a hacer polvo las rodillas”.

contra-el-runningMuchos de esos comentarios y algunas preguntas salieron de la boca de Luis de la Cruz (@eltransito), autor del ensayo “Contra el running, corriendo hasta morir en la ciudad postindustrial“, con quien comparto antigua y eterna amistad, próxima a la hermandad, en los últimos años alimentada además por la vecindad. Cada vez que me los hacía, aunque iban cargados de cariñosa ironía, en el fondo parecían albergar un punto de interés. Yo estaba más que seguro que esa atención por el deporte de correr, no iba a llevar a Luis a trotar a mi lado con unas mallas apretadas y una camiseta ajustada de color chillón, cronómetro en muñeca. Por eso algo se olía que tramaba, que tardé tiempo en descubrir.

Cuando me dijo que le habían propuesto escribir este ensayo empecé a entender todo. Luis estaba siguiendo de cerca al runner, como uno de los cada vez más habituales ocupantes de la ciudad de la que Luis es un enfermo estudioso, Madrid, y estaba tratando de conocer el porqué de su proliferación masiva en nuestras calles en los últimos años.

Fui de los que pudo leer un borrador de su ensayo y tal vez el que más polemizó con él. Claro que Luis, polemista innato (al que de broma siempre le otorgo la capacidad de estar a la vez en contra de dos que entre sí están en contra), había conseguido su objetivo. Tras una primera lectura en diagonal y después de felicitar a Luis por lo bien documentado y escrito que encontré su texto, mi mayor debate fue el título, que contenía la aparentemente agresiva frase “Contra el Running”. Como habitual corredor, me sentí aludido. Tras una segunda lectura más reposada del texto ya definitivo y con cierto paso del tiempo y de evolución personal, he de “envainármela” y simpatizar no sólo con el texto, sino entender lo que Luis pretende con el título.

La reflexión global del ensayo, no solo se ciñe en la práctica de un corredor cualquiera que desee despejarse o ponerse en forma cuando calza sus zapatillas a lo que nadie puede dotar de connotaciones negativas, sino en cómo, dónde, con quién y cuándo lo hace, el uso del espíritu de superación que parece se exige al ponerse a correr hoy en día, el modo en el que se practica ese deporte según clase social y sexo y el grado de exhibición de los resultados del mismo. La reflexión no se queda únicamente en la práctica del running, sino que analiza el comportamiento del individuo en el espacio urbano y la ocpuación del mismo en la sociedad actual, frente a lo que antes significaba el salir a hacer footing o mejor aún, salir a correr.

san-silvestreCon todo ello, el autor no pretende ni mucho menos convencernos para colgar las zapatillas, sino que investiga y razona el camino que ha llevado a que en cada San Silvestre, 40.000 almas paguen 23 € para lucir el logo de Nike sobre una camiseta de color fosforito, para después pasearlo por los parques de nuestra ciudad durante todo el año siguiente. Es indudable que estamos ante un fenómeno que, como cita el autor, mueve un volumen de negocio de 300 millones de euros al año en España y practican unos dos millones y medio de personas en nuestro país. Las ventas de zapatillas se han doblado entre 2009 y 2013.

El libro, aunque especialmente a los corredores nos hará discrepar en alguno de sus planteamientos, nos invita a practicantes y no practicantes a reflexionar sobre los devastadores efectos del capitalismo sobre ésta y cualquier práctica extralaboral, frente a los que, a quienes nos gustaría escapar de ellos, nos hace enfrentarnos a constantes contradicciones. En mi evolución sobre la práctica de salir a correr de la que antes hablaba, por ejemplo, he decidido no correr ninguna carrera cuyo único motivo sea un patrocinio, únicamente las que se desarrollen con un motivo o en un entorno que signifique algo para mí, como la popular de mi barrio (Tetuán), la organizada en mi lugar infantil de veraneo (Pedestre de Guadarrama) o la San Silvestre Vallecana, porque he convertido en tradición en correrla con mi hermano, por supuesto sin inscripción para promocionar a Nike y sí con la camiseta del Rayo Vallecano para recibir la gloria del público al enfilar la cuesta de la Avenida de la Albufera.

Con estas contradicciones nos enfrentamos todos los días por innumerables motivos. Por los horarios de nuestros trabajos, cuando nos vemos comprando una camiseta made in Bangladesh, usando un móvil con coltán de más que probable cruento origen, cuando vamos a tomar un aperitivo y nos encontramos con que lo llaman brunch, cuando nos pedimos una ginebra con cosas en un afterwork y hasta el propio autor del ensayo, cuando me lo cruzo en el barrio yendo a comprar a un súper abierto en domingo con una lata de Coca-Cola en la mano. Pero los que como él y como yo queremos algún día vivir sin tener que sentirnos mal por nada de lo que hacemos, en una ciudad con espacio diseñado por los ciudadanos y no por y para las empresas, nos vemos obligados a reflexionar y a compartirlo.

Y los que saben escribir y documentarse como Luis van y sacan un libro editado por Piedra Papel Libros, que podéis comprar por solo 6€, menos de lo que cuesta apuntarse a cualquier carrera. Os lo recomiendo, corráis o no.

Lo barato sale caro. AURGI.

“Lo barato sale caro”. A pesar de estar avisados de esta sentencia por el refranero y la sabiduría popular, caemos en ella una y otra vez, tal vez embriagados con las posibilidades de ahorro. Más incomprensible es caer en ella si la promesa viene por parte de Mario Vaquerizo y Rebeca. Pero a todos se nos ha metido durante un rato la cancioncilla en la cabeza del anuncio de televisión de Aurgi: “me voy a Aurgi, no hay un precio igual, no hay un precio igual…” y yo fui de esos tontos que cayó.

aurgi

Mi coche sonaba al frenar desde hace tiempo y uno, que no sabe de mecánica, para estas cosas busca un taller de confianza de esos en los que se cumpla lo de “al menos que sepa que no me engañan”. El último taller que cumplía estos mínimos, al lado de mi anterior oficina, me quedaba muy lejos. Recurrí a gente cercana y me recomendaron uno por mi barrio.

“Las pastillas”, me dijo, casi sin verlo. Le pedí precio de la reparación y de una revisión global del coche (que ya tocaba) y me pareció bastante elevado. “Es de confianza, será lo que cuesta”, pensé. Me emplazó para dejarle el coche el sábado, pero al despedirse se esfumó mi confianza cuando me sugirió que estábamos hablando de precios sin factura y sin IVA. Aunque me produzca ahorro inmediato, no quiero colaborar ni lo más mínimo con el fraude, así que como no quería tardar mucho en repararlo, decidí preguntar en Aurgi.

Sábado por la mañana. Me dirigí a su taller de Serrano. “Pastillas y discos delanteros”, dijeron casi sin verlo. Pido precio de la revisión (filtros y líquidos principales) y la reparación y aunque me han metido de más los discos (ya no sé si de clavo), el precio es poco mayor  que el del otro taller, sumando el IVA, cosa que deja en paz mi conciencia con Hacienda y decido aceptar. “Pásate el martes al medio día”, dijeron. A la hora suena el teléfono. No encuentran el tornillo antirrobo de las ruedas. Les indico dónde está.

Martes a las 14:00 y el coche no está terminado. Intuyo que casi ni han empezado. “Tienes que esperara a que te llamemos para avisarte”, me dijeron, lo que se contradice con el “pásate el martes al mediodía”. Vuelvo a las 19:00. El interior del coche está completamente desordenado, todo los trastos y papeles del maletero, que son muchos (lo reconozco, acumulo cosas de más) y de la guantera revueltos por el suelo y los asientos del vehículo. No le doy mayor importancia, con tal de llevarme el coche. Llego a casa y el ruido al pisar el freno vuelve a aparecer. Al día siguiente llamo y me invitan a que lo lleve de nuevo.

En lo que voy al taller, reparo en que no sé dónde está el tornillo antirrobo. Al llegar, los mecánicos escuchan sin que les diga nada el sonido que tiene el coche. Esta vez miran el coche durante un minuto con una linterna y me dicen que hay que cambiar también las pastillas traseras. Le comento al jefe de taller, muy cabreado por tener que volver, que además del olvido de revisar los frenos traseros, me he encontrado el coche revuelto y no encuentro el tornillo. Se excusa diciendo “un momento”. Se acerca a un empleado del taller, le habla al oído y va hasta un banco de herramientas. Vuelve con algo escondido que le brilla en la mano. Abre el maletero, hace que lo revuelve y me dice “su tornillo, caballero”. No daba crédito. Me había tratado de engañar. Se les olvidó devolverme el tornillo antirrobo y en mi cara trató de hacerme un truco al estilo “que te robo la nariz”, como si tuviera dos años. Le digo “eso lo llevabas en la mano, te he visto, me estás engañando”. Despotricó sobre sus compañeros del sábado, diciendo que lo hacen todo mal y le dije “qué tiene que ver eso con que me engañes en mi cara”. “Lo he hecho por vergüenza, caballero”, dice. Le exijo que no me cobre mano de obra por el montaje de las pastillas traseras, ya que lo tenían que haber detectado previamente, a lo que accede.

Tras tener que volver al taller una hora y media después, me llevo el coche y en principio, todo bien, sin ruidos. Pero todo no había acabado. Unos días más tarde, cuando alcanzo más de 100 km/h (durante los días anteriores había conducido por ciudad), noto una vibración grande de las ruedas, que se transmite al volante.

Todo este tiempo había estado escribiendo a atención al cliente, que me hacía poco caso, aunque mi cabreo era creciente. El primer día me atendieron con un mail para quitarme de encima, con faltas de ortografía bien graves, algo que me chocó mucho viniendo de atención al cliente. Tras sucesivas comunicaciones lo más que me llegaron a ofrecer fue un 10% en futuras compras. Me entró la risa… futuras compras, dice. Cuando les volví a contactar por esta vibración, noto que me empiezan a tomar en serio. Me contactan diciendo que han hablado con el jefe de taller (el frustrado mago del tornillo) y que puedo llevarlo cuando quiera que me atenderán de inmediato.

El jefe de taller me ofrece una atención inusual, que entiendo que viene tras haber recibido un toque de algún superior al conocer el caso. Me indica que me tienen que hacer el equilibrado de las ruedas, ya que es posible que se les cayera un plomo al colocarlas la última vez. Espero durante 40 minutos en una sala y me avisan de que está el coche. “Su tornillo antirrobo, señor” me dice, no sé si con arrepentimiento de lo sucedido la anterior ocasión o con cierta sorna. Salgo de allí en cuanto puedo y pienso que el capítulo está cerrado.

Pasan varios días sin problemas, aunque la verdad que cojo bastante poco el coche. Me voy una semana de vacaciones a Asturias y el coche, ya en el viaje de ida, vuelve a sonar al frenar si cabe, más que antes. Desesperado tengo que aguantar un insoportable ruido al subir y bajar puertos de montaña cada vez que pisaba el freno, sin saber si mi novia y yo estábamos corriendo algún riesgo.

Cabreadísimo, al volver a Madrid, escribo a atención al cliente. Les digo que quiero que me arreglen el problema de una vez y que, si es posible, que no sea en el taller de Serrano porque no quiero verles más la cara. Me invitan a llevar el coche al taller de Chamartín, donde me encuentro una atención excepcional del jefe de taller, aunque me hiciera esperar bastante. Salimos juntos a dar una vuelta para mostrarle el ruido. Como suele pasar en estos casos, el ruido no aparece. Vueltas y vueltas y nada. Al llegar al taller, aparece levemente el ruido, suficiente para que no me tomaran por loco. No ven nada a simple vista, pero me desmontan las ruedas para comprobar el sistema de frenado. Detectan que me habían montado mal las pastillas traseras. Se confirma que la atención de Serrano había sido desastre, tras desastre.

Salimos a dar otra vuelta para ver si se subsanó el problema y me alerta de otro ruido distinto que tiene el coche. Me dice que con toda seguridad es el manguito del filtro del aire. Le comento que el filtro del aire había sido cambiado por Aurgi Serrano a la vez que las pastillas y discos delanteros. Me comenta que puedo volver cualquier día que me venga bien esperar allí un rato, ya que el coche debe estar frío y me lo arregla sin problemas.

Pasados unos días, me acerco y cuando el coche está frío para hacer la reparación, el director de taller de Chamartín abre el capó y se echa las manos a la cara. Me llama y me indica que no es que tenga el manguito del filtro del aire suelto, es que no tengo filtro de aire, por lo que me he estado poniendo en riesgo el motor todo este tiempo. No doy crédito.

Coincide que hay una persona de postventa de Aurgi y deciden entre ambos realizar la revisión completa de nuevo, porque ya no se sabe lo que está hecho y lo que no de todo lo que pagué en la revisión de filtros y líquidos. Tras haber que tenido que anular una reunión de trabajo, marcho a casa y vuelvo por la tarde para llevarme el coche, esperando que se la última vez que piso un Aurgi y a que me contesten de atención al cliente ya que, en respuesta de mis últimos mails amenazantes, me prometieron una compensación económica y devolverme lo 19,50 € que detecté, me habían cobrado de más en una factura.

Pasados 18 días, no sé nada de ellos y vuelvo a escribirles. Su respuesta es que han estudiado mi caso y que me ofrecen el 15% de descuento en próximas compras, lo que para ellos es un grandísimo esfuerzo, dicen, ya que suelen ofrecer el 10%. Me invitan además a pasarme por Aurgi Serrano, el taller de la magia y los horrores a que me abonen el dinero indebidamente cobrado. Por supuesto que les mando a la mierda en cuanto el descuento se refiere, ya que no pienso volver a un Aurgi y les exijo el pago de una factura indebidamente cobrada. No creo que yo deba pasar por taller alguno a cobrar ese dinero, para lo cual les doy el número de cuenta.

Por último, les amenazo con denunciarlo en las redes sociales. Y en eso estoy. Si has llegado hasta aquí, perdón por el rollo y si quieres, comparte. Lo agradeceré, por lo menos para que se sepa.

Este es el resultado del objetivo de muchas empresas de ser el más barato, como reza su eslogan. Un trato lamentable al cliente, de mínimos. Si no se quejan, perfecto, han tragado. La culpa no es de sus empleados, ni siquiera del mecánico que trató de engañarme. La culpa es de Aurgi, o sea, sus directivos, que no establecen estándares de calidad ni protocolos de revisión de los vehículos suficientes para dar un buen servicio. Únicamente les interesa ser los más baratos, a costa de lo que sea: baja calidad, nefasta atención al cliente, revetar el mercado, etc. Tal vez por ello el mecánico de barrio ofrece a veces precios sin IVA, porque así, no puede  competir.

Ya os digo yo, es verdad eso de que lo barato sale caro. He tenido que ir diez veces al taller, he sido engañado, me han cobrado mal, han puesto en riesgo a mi coche y a mi seguridad. Aurgi está al nivel de caspa de Mario y Rebeca. Nunca más.

Cuando fuimos ganando

Rayo Real MadridRayo Vallecano – Real Madrid. En el minuto 14 íbamos ganando 2-0 los de Vallecas. Increíble. Parecía que estaba más cerca lo que siempre soñamos cuando jugamos contra un grande, ganarles algún día. Siempre empezamos jugando mejor ya que Paco Jémez, tal vez el entrenador más valiente de primera división, obliga a sus jugadores a jugar igual de ofensivo sin importar el rival ni el resultado. Sabemos que es difícil hacer gol a estos equipos. Sus jugadores, además de tener una calidad extrema, tienen una condición atlética insuperable.

Así pasa muchas veces en la vida. Alguien consigue que nos creamos que lo tenemos. Dejan que nos ilusionemos. Que nos pongamos 1-0. Incluso 2-0. Sabemos que es difícil terminar ganando, que seamos los ciudadanos y las personas las que ganemos. Que lo más importante sea nuestro bien estar o como mínimo nuestra salud. O por lo menos la educación de los más pequeños. O siquiera tener qué llevarse a la boca.

Pero no, el poder juega con nosotros.

Aquel sábado mientras mandaba mensajes a amigos madridistas con la foto del 2-0 en el marcador, sabía que probablemente el Rayo Vallecano acabaría perdiendo. Pero quería disfrutar de ese momento. Con el 2-1 y con el 2-2, que seguía convalidando como heroicidad, creció el nerviosismo. Con el 2-3 sólo quedaba la esperanza de “y si al menos metiéramos otro, aunque fuera en un descuido”. Mientras lo esperábamos, nos contentábamos gritando señalando con el dedo a los Ultra Sur “todos los fachas, fuera de mi barrio”.

No llegó el gol. Los humildes siempre pierden.

La mujer que limpia para el centro de oficinas en el que trabajo lleva seis meses sin cobrar. Su jefa dice que solo le debe uno. El día de su cumpleaños le cortaron la luz porque no puede pagarla. Tuvo que pedir una pizza que para ella es carísima, para comerla con su hija y su nieto con quienes vive. A los dos días nos decía que solo quería cobrar para mandar dinero a sus familiares cuya casa se destrozó en Ecuador por el terremoto. ¿Qué salida tiene? Seguir trabajando gratis, a ver si algún día cobra una parte de su deuda. Mientras, esclavismo.

Nos dijeron que llegaba la vacuna de la Hepatitis C. Viene pronto, en breve. Ya está aquí, en muy poco tiempo la suministraremos. Ya la estamos suministrando, pero aquí no, paciencia. Ya la suministramos aquí, pero a usted no, espere. No me pregunte, sólo aguante. Vaya… por poco…se murió. ¿Cuántos enfermos se han muerto creyendo que llegaría el medicamento? Asesinos.

España es precaria. Es mentira que haya recuperación. Cada vez hay más becarios el 61% no cobra y el 73% de los que cobran dicen que la beca no sufraga gastos mínimos. Yo tengo una empresa. Tengo una becaria. En el convenio con su universidad me daba a elegir si la práctica era remunerada o no. Si lo era, yo decido lo que quiero pagar. Vergüenza. Si hubiera querido, tendría una esclava. En España se calcula que hay 180.000 jóvenes esclavos sin cobrar ni un duro.

Conozco muchos casos cerca de mí de precariedad laboral de mujeres formadas y con experiencia. Su problema: estar presuntamente cerca de que se les pase por la cabeza tener hijos. Encima, tienen que aguantar las preguntas ilegales: “tienes pareja?” o “tienes hijos?”, sin poder contestar como se merecen, por si aún quedan opciones de conseguir el puesto en esa entrevista. Discriminación.

Nos dicen que es una pena la foto del niño muerto en la playa, que vamos a hacer algo con los refugiados. Decimos que vendrán 17.000 y vienen 17, pero bueno, nos piden paciencia a los que nos indigna y mientras los colocamos en Turquía por cuatro duros a los que podamos y los que no, que se ahoguen como el niño muerto. Asesinos.

Y así podría seguir. Nos dicen en el telediario que hay recuperación, o sea, que vamos ganando 2-0. Pero cuando miramos hacia otro lado nos meten tres goles y nos vamos a casa perdiendo, una vez más.

Nos toca votar y nos dicen los sondeos que vamos reventar las previsiones. Algo va a cambiar. Ya no van a gobernar. Es mentira. No queríamos que nos gobernara ni PSOE ni PP. Tal vez nos gobiernen los dos. Nos dejaron ir ganando. Nos empataron. Y cuando quisieron, nos ganaron.

Martín Presa FlorentinoCuando metimos el 2-0 comenzó a diluviar. Los poderosos tenían cobijo. El presidente del Rayo se empapaba, como mis amigos y yo en nuestra zona de la grada. Mientras, el magnate Florentino utilizaba su acogedor paraguas. Parecía un aviso, como si de lo que estábamos disfrutando mereciera un castigo. Cuando comenzó la remontada madridista salió el sol. Parecía todo en su sitio de nuevo.

Hemos bajado a segunda. Me refiero al Rayo Vallecano. A España también.

Creo que pronto volveremos. Y cuando volvamos, os empataremos. Y después de empataros, os ganaremos. Me refiero al Rayo Vallecano. A España también.

 

Dios ya no existe

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Dios no existe
Hace más de 20 años que soy un ateo convencido. Sin embargo,  acabo de descubrir que he vivido equivocado todo este tiempo. No existe ahora, pero existía hasta el domingo pasado. Ha existido desde el principio de los tiempos, pero el domingo dimitió. No un poquito, como Esperanza Aguirre, sino del todo. Dimitió porque le ha estado persiguiendo durante décadas para llevársela con él y dejara de molestarnos.

 

helicoptero-aguirreMuerte
Primero planeó un accidente de helicóptero mientras viajaba con un pobre bobo al que años más tarde, para compensar los daños colaterales, convirtió en presidente del gobierno para lo que alteró la voluntad de millones de españoles que votan a un tonto una y otra vez, sin que el resto nos expliquemos el porqué. El Altísimo lo intentó de nuevo mientras dormía en un hotel de Bombay, urdiendo un atentado terrorista. La tía salió tan pancha con sus zapatillas de felpa como si nada. Dios, ya de muy mala hostia, fue capaz de recurrir a lo último, el cáncer. Espe ni se inmutó. Se retiró un tiempo y como nueva, superado.

 

granados-y-esperanza-aguirreCárcel
Dios se cansó y pensó que si no podía llevársela, por lo menos que viviera encarcelada. Preparó una buena estrategia. Llenó el PP de Madrid de ladrones sin escrúpulos. Creó varias tramas para que la banda de ladrones tuviera donde robar. Ella iba cayendo en la trampa cada vez más y más. Cuanto más importante era el cargo nombrado por Aguirre, más ladrón era el elegido. Pero ella es más lista que Dios y le pilló. Espe destapó la trama Gürtel.

Mandó sobres con dinero, pero ella no los cogía. No los necesitaba. Dios no se dió cuenta de que le había mandado una vida de rica y vivía en un palacio con garita y escolta. Se hicieron obras en la sede del PP con dinero negro, como Dios manda, pero los obreros se saltaron su planta.

Harto de la condesa, después de intentar desquiciarla durante años con su enviado divino Alberto Ruiz Gallardón al que derrotado se tuvo que desterrar a impartir justicia para prohibir el aborto, por fin la pilló en un renuncio. Zas! En medio de la Gran Vía, su coche en el carril bus siendo multada. Ella, tan señora y tan digna no pudo soportar aquello y después de recurrir a la amenaza y al macarrismo, cayó en la tentación de Dios y su soberbia la empujó a huir, no sin antes golpear la moto de uno de los agentes. El Señor se frotaba las manos imaginándola presa. En el país en el que por un tuit o por una sátira títere en mano te meten en la cárcel, ese episodio debía llevarte al calabozo de cabeza. Cualquier ciudadano que hubiera protagonizado algo similar hubiera pagado bien su acto. Esperanza salió indemne. Jueces, medios y lo que haga falta, a sus pies.

Pactar con el diablo
Tras su etapa en una empresa de cazatalentos por la que fichó, gracias a los méritos demostrados eligiendo a los más insignes ladrones en la Comunidad de Madrid, volvió a dedicarse a la política porque ella lo valía. Ganó las elecciones para la alcaldía de Madrid, pero un grupo de proetarras y provenezolanos sacó un gran resultado tal, que con el apoyo de otra fuerza le robaba la alcaldía. Ella, con Dios en horas bajas, tanto que se le coló hasta una asaltacapillas, Esperanza decidió ofrecer pactos hasta con el diablo para que no gobernaran. No lo consiguió. Pero da igual, ella con su coño moreno va todos los días al Ayuntamiento de Madrid a liarla. Lo mismo le da si se tiene que inventar una información o si tiene que llamar chavista o etarra a alguien, ella sale todos los días en la tele indignada.

Apocalipsis
Pero seguían hablando de ella. Que si ese consejero era un corrupto, que si aquel alcalde había robado, que si Granados era su mano derecha, que si Gürtel, que si Púnica. Esperanza Aguirre se hartó. El domingo dijo que se iba, pero un poco. Dimitió de lo de la corrupción para dedicarse de lleno a lo de los trajes de los Reyes Magos, los títeres y el departamento de ETA y Venezuela del grupo popular del Ayuntamiento de Madrid.
Dios no pudo más. El domingo, cuando acabó su misa más concurrida, la de 12, se enteró de la rueda de Esperanza Aguirre y dimitió para siempre. Nos dejó en manos de Esperanza.

Bicho malo nunca muere.

Estoy a punto de ser encarcelado

Es cierto, no os penséis que estoy broma. Estoy muy cerca de ir a prisión, a un paso. No era consciente hasta hoy. Lo he pensado cuando me dirigía como cada lunes a mi grupo de improvisación teatral. Por si nunca habéis ido a un espectáculo de “impro”, éste consiste, en diversos formatos, en representar piezas teatrales a partir de una idea totalmente desconocida por los actores y que habitualmente proviene de papeles elegidos al azar que contienen frases que escribe el público antes de comenzar la representación.

He visualizado cómo en la próxima muestra que haremos a primeros de abril, alguien puede tener la idea de poner en el papel alguna frase relacionada con terrorismo y me toque fingir ser miembro de una banda o que algún compañero me proponga sobre la marcha de la escena preparar algún atentado de algún grupo terrorista inventado. Si tengo la mala suerte de que me encuentro entre el público con alguna de las personas cuya vida se dedica desde hace unos meses a criminalizar cualquier gilipollez de gobiernos nuevos en algunas ciudades, normalmente escondiendo espíritus fascistas y moral meapilas, estoy muy cerca de tener problemas.

presosDesde el sábado unos titiriteros duermen en la cárcel por representar un montaje en el que un policía de trapo preparaba contra otro personaje también de trapo, colocándole una pancarta de un grupo terrorista que no existe. La realidad supera la ficción y los que prepararon la ficción ven hecha realidad su historia al ser acusados de una manera completamente infundada por enaltecimiento de terrorismo, algo que en absoluto sucede en la escena, por un expolicía de tiempos de Franco, que colgó la porra para impartir su justicia, habiendo alcanzado nada menos que la Audiencia Nacional.

Hablo en serio cuando digo que me siento cerca de ir a la cárcel. Si algún día decido dedicarme a la improvisación puedo estar a un papelito con una frase que me lleve a representar un delito en la ficción y me la juegue con que alguien llame a la Policía y acabe en la Audiencia Nacional, a ver si me toca un juez u otro.

También podría pasarme si vuelvo a interpretar con el grupo Perro Raro “Africano” una canción que trata irónicamente el desprecio de muchos a quien viene a ganarse la vida o “Nana para un Niño Iraquí”, canción que habla de cómo desde occidente convencemos a muchos pueblos que lo mejor que podemos a hacer por ellos es lanzar unas cuantas bombas. Podían acusarnos de racismo o de declaración de guerra. Igualmente he podido estar cerca de ir a prisión cuando me dio por hacerme una cuenta de Twitter de ficción, en la que me divertí haciendo una parodia de Ana Botella y me dedicaba a hacer bromas ácidas en Twitter, siendo especialmente beligerante contra periodistas y políticos. Son varios los tuiteros o cantantes con penas de prisión.

No quiero pensar qué le habría pasado a mi amigo Dani y a su compañero de escena, que en su última representación encarnaba a un racista y maltratador, al que una de sus víctimas acababa violándole por el culo, antes de comerle los ojos.

Y sí, había niños viendo los títeres. Está claro que se puede y debe evitar, sobre todo si un padre considera que algún contenido es impropio para sus hijos. Pero es que, aunque los filtros de algunos hayan fallado, a pesar de haber estado anunciado que el espectáculo no era para niños, uno como padre puede actuar. Si no, los padres alterados, la mayor parte cortados por similar patrón, pueden poner el mismo empeño que cuando les explican cada día el telediario o cuando les llevan a una procesión (para mí, un espectáculo deplorable para un niño). En este vídeo podéis comprobar el auténtico horror de la función y cómo los niños asistentes jamás olvidarán lo que vieron.

Esta mierda de país en el que muchos tienen convertida a España, está dando los últimos coletazos para intentar evitar que llegue alguien distinto al poder. Y ponen toda la maquinaria para intentarlo. La manipulación brutal de los medios de comunicación, el más recalcitrante Poder Judicial y mierda, mucha mierda. Mientras sigue habiendo desahucios todos los días, sigue sin bajar el paro,  la hermana del Rey y el PP valenciano al completo en el juzgado, se habla de los putos trajes de los Reyes Magos y de dos muñecos de trapo con un cartel de Alka-ETA en Madrid en una función ya contratada por el PP de Granada.

Y en parte lo están consiguiendo. Me parece que Manuel Carmena ha dado una rueda de prensa cobarde. Como exjueza debería haber exigido la liberación de los dos titiriteros y cerrar filas ante un hecho tan grave. No da ni para hablar de la función ni de responsables mientras haya dos presos por un delito inventado por un juez.

Me dirijo ahora al público fascista y meapilas responsable de esta arenga continua de medios y redes sociales. Nos tenéis hasta el mismísimo coño, pero lo que no vamos a hacer es callarnos. Y sabemos que si seguimos intentándolo habrá más en la cárcel, como las encarceladas durante la visita del Papa, como los tuiteros, como los que paran desahucios, como Alfon.

Si algún día tengo hijos les explicaré con títeres que hay señores muy malos que desahucian, que votaban a un señor muy cara dura como Rodrigo Rato, culpable de esos desahucios. Que muchos de sus amigos nos robaban y todos sabíamos que eran delincuentes pero que no iban a la cárcel, incluso presidían o reinaban España. Y entre todos nos metían a nosotros en la cárcel. Y Rodrigo, Jordi, Rita, los asesinos de Jimmy, Mr. X, los de los sobres, los de la burbuja, los de las black y los de la guerra, en su casa. Nosotros en la hoguera.

Volver a empezar

Son las 5:40 de la mañana. Insomnio, me despierto. Espero a que empiece el programa matinal de noticias que sólo habla de repetición de elecciones y me levanto a desayunar. Me ducho y me arreglo con mucha calma, me levanté dos horas antes de que me obligara el despertador. Es el primer día de trabajo del año. Antes de irme beso a mi chica que se queda durmiendo disfrutando de sus últimos días de paro; ha encontrado trabajo.

Entrando al metro una señora me pregunta que si llueve a lo que respondo “ahora mismo no”, ante la posibilidad inminente de que mi respuesta deje de ser válida. Supongo que lo pregunta preocupada por cómo llegaría su peinado al trabajo si le llovía encima, aunque parecía tener el pelo poco cuidado. En el vagón doce personas miran el teléfono, dos de ellas están unidas además a él por unos cascos. Una lee, otras siete aparentemente no hacen nada, pero a lo mejor están como yo, fijándose en lo que los otros hacen, mientras llegan a sus trabajos.

maracas gran víaLlego a mi parada, menos transitada de lo habitual porque a muchos les duran las vacaciones. El señor al que supongo cubano, que toca las maracas mientras canta en la esquina de Gran Vía con Valverde cada mañana, hoy conversa con una señora. Todos los días me pregunto si lo que recauda en el rato que está interpretando le da para vivir. A veces pienso que si la respuesta fuera afirmativa, me gustaría ganarme la vida así.

Hace mucho viento y abandono la avenida buscando refugio en la calle Desengaño. Ahora sí que llueve. No me cruzo con ninguna prostituta, no han empezado a trabajar todavía, por lo que los chulos tampoco están controlando. Desde abajo se ilumina ya el interior del Primark, donde gran parte de la ciudad también se va a prostituir en poco más de una hora, comprando camisetas a cinco euros fabricadas por esclavos.

Llego a la plaza y subo a la nueva oficina que hoy estrenamos, más grande y con mejores vistas que la anterior. Será más agradable trabajar, aunque lo que realmente sería más agradable es pasar menos horas allí encerrado. Empieza mi jornada laboral y acaba mi vida, que no volverá casi hasta que casi sea mañana.

Vacaciones, os echo de menos.

Madrid me desangra

Madrid, me desangras, poco a poco me matas
respirando tu aire chulapo, castizo, viciado.

Tu chotis diario me está ahogando.
Si no amainas el ritmo, dejarás de ser mi casa.

Si no depuras tu viento, iremos de Madrid al cielo,
pero no al de los vivos, sino al de los muertos.

Te propongo una tregua, firmar un convenio.
Tú te descontaminas y te prometo que me quedo.

 Madrid Hace tres años el médico me dijo que el sangrado ocasional de mi nariz, aproximadamente un par de veces al año era la sequedad y la contaminación de Madrid, que me resecaba una vena.

Últimamente este desagradable efecto no es tan ocasional. Un par de veces al mes, he de salir corriendo a limpiarme. El mes pasado me sobrevino cuando me dirigía a una reunión. Suerte que tenía un paquete de pañuelos a mano. Pensé que esto no podría alargarse eternamente. Si seguimos así acabará siendo verdad lo de que Madrid nos mata.

Hoy por primera vez se toman medidas sobre el tráfico. Para mí es tarde, pero necesario. Habrá gente perjudicada y aparecerán pronto los que se quejen y pongan a caldo a Manuela Carmena y su equipo, ignorando que las medidas aplicadas fueron aprobadas en el mandato de Botella, pero sea como sea, es preciso actuar ante lo que es una ciudad insostenible.

Aunque se actue, esto no se puede quedar aquí. Hay que tomar medidas y no quedarse enr parches. Aquí van algunas propuestas, que me parecen sencillas de aplicar:

Para los empresarios, fomentar el teletrabajo y evitar desplazamientos. Hoy en día es bien sencillo hacerlo con ciertos perfiles laborales.

Para las autoridades, tomarse en serio lo de la bicicleta. Arreglar el problema de Bicimad para que funcione. Olvídense de las empresas y la rentabilidad y piensen en el servicio. Construir carriles y bici y concienciar. Por supuesto invertir en transporte público.

Para todos. Usar el transporte público, quejarnos y reclamar a Ayuntamiento y Comunidad cuando no funcione. Evitar desplazamientos innecesarios en coche, probar con la bici. Y sobre todo, concienciarnos de que así no podemos seguir. Si no, mi nariz y yo tendremos que salir para dejaros este aire tan contaminado.

BICIMAD, o lo que puede pasar cuando privaticen todo

Desde hace una semana mi barrio tiene estaciones activas de BICIMAD. Estaba expectante e ilusionado con la llegada del servicio, pero no pensaba hasta qué punto podría cambiar mi concepto de ciudad la disponibilidad de bicis cerca de mi vivienda y en el centro de una ciudad a la que le queda mucho por mejorar en convivencia de peatones, vehículos de motor y bicicletas, especialmente por el castigo generalizado al ciclista.

Sin embargo, en paralelo al inicio de mi disfrute de esta nueva forma de transporte urbano, he sufrido una serie de penurias inadmisibles en algo que se supone trata de ser un servicio público.

El día que mi pareja y yo estrenamos el servicio, se nos tragan una tarjeta y la otra desimantada. Tras media hora de teléfono pudimos coger bicis, una de ellas con el motor roto. Dos días después volvimos a la carga con una a la que se le salió la cadena y otra que se ancló mal a la base de destino, quedándose en rojo. Comunicamos las incidencias al servicio gratuito de BICIMAD, para evitar que otro usuario no coja una bici rota y para asegurarme de que no cobraban por la bici mal anclada.

Cuatro días después intentando coger bicicleta recorrimos sin éxito tres estaciones vacías. Al llegar a la cuarta intento coger bici y la tarjeta no me funciona. Mi usuario tenía saldo negativo. Tras veinte minutos de llamadas, cabreo y dos reclamaciones a través del personal que deriva las llamadas al SAC, no pudieron pasarme con el servicio técnico y decidimos coger el metro.

Tras terminar la cena que nos llevó al centro, milagrosamente conseguí hablar con alguien que me soluciona rápido el problema y devuelve mi saldo. Cogemos dos bicis y una de ellas rota. Volvemos a agarrar el teléfono y a poner incidencia.

Todo esto es una semana usando el servicio. Desde luego es lamentable. Si me conocéis sabéis que no soy cliente fácil y aparte de las reclamaciones volqué mi ingrata experiencia en Twitter. Rápidamente el encargado de la cuenta @Bicimad ha pedido disculpas y me ha dicho que si he puesto incidencia, me atenderán rápidamente. Le he explicado que han tardado en no atenderme 4 días y además me quitaron todo el saldo. Pero ya que hablaba con ellos y estaban atentos a mis quejas, se me ha ocurrido concluir mi intercambio de tuits con una solicitud/consejo. He explicado que en mi barrio por la tarde es bastante complejo coger una bicicleta. Y me han contestado esto.

BICIMAD

Esta contestación es la razón por la que escribo este post. Esta es la muestra del peligro que tiene para los ciudadanos poner servicios públicos en manos de empresas privadas. Sé que hoy en día no es así, pero llevamos años con una evolución privatizadora del Partido Popular en Madrid en lo que a sanidad, educación y el agua respecta.

Me diréis que no compare coger una bici con ir al médico o que haya agua al abrir el grifo. No lo hago. Lo segundo es esencial y lo primero no. Pero voy al concepto. Al peligro que tiene el servicio público puesto en manos privadas.

Si se privatiza el agua no os extrañe leer en un tuit o escuchar en un mal servicio de atención al cliente eso de “en ciertas zonas es muy complicado llevar el suministro” o “a ciertas horas es muy complicado que arreglemos su avería”.

Espero estar equivocado, pero si seguimos caminando a la privatización me espero servicios tan desastrosos como BICIMAD. Yo de mometo he pasado más tiempo hablando con el servicio de atención al cliente que encima de la bici.