La denuncia de María.

Martes, 22 horas, en una comisaría de Madrid.

Fuimos a denunciar el robo del bolso con rabia por el disgusto, pena por el valor de lo perdido, angustia por todos los trámites que quedaban por hacer, miedo porque los ladrones tenían las llaves del portal, aunque en cierto modo aliviados porque hemos cambiado la cerradura de nuestra casa rápidamente. Creíamos que iba a ser cosa de cinco minutos porque habíamos hecho la denuncia por internet y únicamente tendríamos que firmarla. Pero no fue así.

Mientras esperábamos, llegó María:

  • ¿Qué ha sucedido? Le preguntaron en la recepción.
  • Mi exnovio me ha pegado.
  • ¿Hoy?
  • No, el domingo
  • ¿Por qué no vino antes? (era martes). Siéntese allí y espere un momento.

Pronto salió “Policía número 1”, rubio, muy rubio, casi albino. Con bastante cercanía y de paisano, se sentó junto a María que tenía un brazo escayolado. Tuve la sensación de que el calor de Policía 1 no servía de mucho porque nos encontrábamos en una fría sala de espera abierta, en  una comisaría gigantesca,  por la que pasaban numerosos funcionarios bromeando para sobrellevar lo mejor posible el trabajo nocturno y en la que cada día habría gente como nosotros que tenía un gran disgusto, pero no su vida rota y, en esas condiciones, personas como María tienen que explicarle a un desconocido de qué manera ha sucedido todo. Tal vez sería mejor que ese relato se produjera en una sala más íntima. A pesar de todo, ella estaba con admirable entereza.

María le contó a Policía 1 que el domingo iba a dormir en casa de su madre y no pensaba ir por su casa, pero al final decidió pasar en ella un rato por la tarde. Tenía la música muy alta y llamaron a la puerta. Pensó que era un vecino que le iba a pedir que la bajara y abrió con el ánimo de pedir disculpas. Pero era él, su exnovio. Entró en la casa gritando. “¡Estás con alguien!”, mientras intentaba seguir avanzando por el pasillo para comenzar su histérica búsqueda. Ella forcejeó con él para que no consiguiera pasar, pero él la empujó. Tiene fracturas y fisuras en la mano y el brazo, además de un esguince cervical. Ella da gracias a que su compañero de piso estaba en la casa.

Además de la agresión, estaban ante allanamiento de morada, según Policía 1. María, con dudas sobre este último punto, explica que no quiso denunciarle, ya que la casa en la que vive está alquilada a nombre de su compañero de piso y de su ex pareja, aunque ella paga el alquiler desde su cuenta, algo que puede demostrar con justificantes. La razón es que no tienen todavía el NIE, algo para lo que debe quedar poco tiempo. Explica que hoy martes se decidió a denunciar porque le ha visto merodeando otra vez por su casa y por su trabajo y siente miedo por su hijo de 8 años, que por suerte no estaba en el momento de la agresión y ahora mismo está en casa de la madre de María.

María había tenido una relación de dos años con esta persona, que ella decidió romper en mayo al descubrir una infidelidad. Ahora estaban planteándose volver. Él quería regresar al piso donde habían vivido juntos y ahora vivía María con un compañero de piso (al que supongo amigo común de la pareja), pero ella le dijo que todavía no era el momento, algo que según relataba María le enojó en la mañana del día de la agresión cuando se lo comunicó por teléfono.

El policía ofreció a María elegir entre declarar con abogado de oficio o hacerlo sola, pudiendo contar con su abogado más tarde cuando ella lo desee. Ella eligió declarar sola y al día siguiente confiar en su abogado. Policía 1 le indicó que debía esperar allí mismo. Ella aprovechó para hacer varias llamadas. A su madre y a su compañero de piso, al que le comentó en tono de súplica que esperaba que esto no afectara a la convivencia y pudiera seguir viviendo allí con él.

Yo escuché todo aquello acongojado, en silencio, con los ojos encharcados, sintiéndome hasta mal porque hasta que llegó ella me importaba mucho algo material, el valor del bolso que nos habían robado que se llevó los ahorros de unos meses de mi pareja, su único capricho en años, en vez de dar gracias permanentemente por estar relativamente bien con mi vida. Quedé lleno de rabia por lo injusto que es que las vidas de María y su hijo hayan quedado marcadas para siempre por ese cabrón. En ese momento entra otra señora. Más alejada de nosotros, en el mostrador y en voz alta, nerviosa todavía porque se adivina reciente el suceso, explica al policía de recepción que su marido acaba de amenazarla de muerte a ella y a sus hijos. No doy crédito. Por mucho que veo noticias, que lea numerosos relatos de mujeres que narran en redes malos tratos, agresiones, violaciones, micro y macro machismos, el hecho de llevar apenas 20 minutos y encontrarme ante semejante drama, tan cerca y de un modo tan horriblemente cotidiano que se adivinaba en la cara de los policías, hace que me derrumbe y rompa a llorar. Y lloro más cuando me fijo en que ellas que, lejos de llorar como yo, están enteras. Son las agredidas y ya no lloran. Lo que me conmueve es que las imagino enteras porque porque sus almas  están rotas, vacías. Les han arrancado todo lo que tienen dentro y las han machacado por fuera, como si fueran una estatua hueca a la que el tiempo le ha borrado la expresión.

Media hora después Policía 1, ya de uniforme, nos invita a pasar a María y a nosotros dos a la sala de declaraciones. Aunque ella tardó unos segundos en alcanzar la puerta por la que yo ya había pasado, esperé a que también entrara María porque ella no sería capaz de abrirla, ya que llevaba su bolso y los papeles con una mano, porque la otra la tenía escayolada desde los dedos hasta casi el hombro. María declararía con Policía 2, moreno, con barba de pocos días pero muy perfilada, más joven y parece que menos cercano. Tal vez no convenga ser muy cercano para tomar una declaración y así ser objetivo, igual lo mejor es comportarse casi como una máquina. Pero al verles pensé que para antes y después de una declaración y en los intervalos de la misma, es necesario que en un caso de violencia machista se imponga una cercanía que consiga empatizar lo que esas mujeres llevan dentro, especialmente el miedo.

Mientras nosotros ampliábamos con Policía 1, que se encargó de nuestra declaración, datos poco relevantes la declaración hecha por internet, como la marca del bolso o todo lo que contenía (ya que damos por hecho que no vamos a recuperar nada), María le contaba otra vez la historia a Policía 2.

Él tardaba mucho en anotar cada uno de los trozos de relato de María. Entre pasaje y pasaje, haciendo gala de la falta de cercanía que le presumí, se dirigía a ella a veces casi reprendiéndola:

  • Esto del alquiler, hay que cambiarlo, ¡hombre!
  • Ya, es que por eso no le denuncié.
  • Bueno, una cosa no quita la otra, hay que denunciar… pero claro, es que si tiene llaves…
  • No tiene llaves.
  • Ah, no tiene llaves.
  • Sí, ya le he dicho, debió entrar en el portal detrás de algún vecino y yo le abrí pensando en que era alguien que me iba a pedir bajar la música.
  • Bueno, y que me aclare yo, me dices que es tu exnovio y ahora me dices que estabais volviendo. ¿Cómo es eso?

En ese momento Policía 1 acaba con las firmas de nuestra denuncia y mientras cuadra los papeles de todas las copias y los grapa dos a dos, nos dice sonriente y en voz alta, tan alta que María lo oía fácilmente:

  • Qué suerte habéis tenido de pasar, eh! Con dos violencias de género, si os llega a tocar esperar a que acaben las dos, habíais tardado tres horas, porque son larguísimas, jajaja.

Me horrorizó el comentario, más en presencia de María, pero traté de salir del paso con un “ajá”. Nos despedimos y les deseamos buenas noches. Sobre todo a María, aunque ella no lo supiera.

Lo barato sale caro. AURGI.

“Lo barato sale caro”. A pesar de estar avisados de esta sentencia por el refranero y la sabiduría popular, caemos en ella una y otra vez, tal vez embriagados con las posibilidades de ahorro. Más incomprensible es caer en ella si la promesa viene por parte de Mario Vaquerizo y Rebeca. Pero a todos se nos ha metido durante un rato la cancioncilla en la cabeza del anuncio de televisión de Aurgi: “me voy a Aurgi, no hay un precio igual, no hay un precio igual…” y yo fui de esos tontos que cayó.

aurgi

Mi coche sonaba al frenar desde hace tiempo y uno, que no sabe de mecánica, para estas cosas busca un taller de confianza de esos en los que se cumpla lo de “al menos que sepa que no me engañan”. El último taller que cumplía estos mínimos, al lado de mi anterior oficina, me quedaba muy lejos. Recurrí a gente cercana y me recomendaron uno por mi barrio.

“Las pastillas”, me dijo, casi sin verlo. Le pedí precio de la reparación y de una revisión global del coche (que ya tocaba) y me pareció bastante elevado. “Es de confianza, será lo que cuesta”, pensé. Me emplazó para dejarle el coche el sábado, pero al despedirse se esfumó mi confianza cuando me sugirió que estábamos hablando de precios sin factura y sin IVA. Aunque me produzca ahorro inmediato, no quiero colaborar ni lo más mínimo con el fraude, así que como no quería tardar mucho en repararlo, decidí preguntar en Aurgi.

Sábado por la mañana. Me dirigí a su taller de Serrano. “Pastillas y discos delanteros”, dijeron casi sin verlo. Pido precio de la revisión (filtros y líquidos principales) y la reparación y aunque me han metido de más los discos (ya no sé si de clavo), el precio es poco mayor  que el del otro taller, sumando el IVA, cosa que deja en paz mi conciencia con Hacienda y decido aceptar. “Pásate el martes al medio día”, dijeron. A la hora suena el teléfono. No encuentran el tornillo antirrobo de las ruedas. Les indico dónde está.

Martes a las 14:00 y el coche no está terminado. Intuyo que casi ni han empezado. “Tienes que esperara a que te llamemos para avisarte”, me dijeron, lo que se contradice con el “pásate el martes al mediodía”. Vuelvo a las 19:00. El interior del coche está completamente desordenado, todo los trastos y papeles del maletero, que son muchos (lo reconozco, acumulo cosas de más) y de la guantera revueltos por el suelo y los asientos del vehículo. No le doy mayor importancia, con tal de llevarme el coche. Llego a casa y el ruido al pisar el freno vuelve a aparecer. Al día siguiente llamo y me invitan a que lo lleve de nuevo.

En lo que voy al taller, reparo en que no sé dónde está el tornillo antirrobo. Al llegar, los mecánicos escuchan sin que les diga nada el sonido que tiene el coche. Esta vez miran el coche durante un minuto con una linterna y me dicen que hay que cambiar también las pastillas traseras. Le comento al jefe de taller, muy cabreado por tener que volver, que además del olvido de revisar los frenos traseros, me he encontrado el coche revuelto y no encuentro el tornillo. Se excusa diciendo “un momento”. Se acerca a un empleado del taller, le habla al oído y va hasta un banco de herramientas. Vuelve con algo escondido que le brilla en la mano. Abre el maletero, hace que lo revuelve y me dice “su tornillo, caballero”. No daba crédito. Me había tratado de engañar. Se les olvidó devolverme el tornillo antirrobo y en mi cara trató de hacerme un truco al estilo “que te robo la nariz”, como si tuviera dos años. Le digo “eso lo llevabas en la mano, te he visto, me estás engañando”. Despotricó sobre sus compañeros del sábado, diciendo que lo hacen todo mal y le dije “qué tiene que ver eso con que me engañes en mi cara”. “Lo he hecho por vergüenza, caballero”, dice. Le exijo que no me cobre mano de obra por el montaje de las pastillas traseras, ya que lo tenían que haber detectado previamente, a lo que accede.

Tras tener que volver al taller una hora y media después, me llevo el coche y en principio, todo bien, sin ruidos. Pero todo no había acabado. Unos días más tarde, cuando alcanzo más de 100 km/h (durante los días anteriores había conducido por ciudad), noto una vibración grande de las ruedas, que se transmite al volante.

Todo este tiempo había estado escribiendo a atención al cliente, que me hacía poco caso, aunque mi cabreo era creciente. El primer día me atendieron con un mail para quitarme de encima, con faltas de ortografía bien graves, algo que me chocó mucho viniendo de atención al cliente. Tras sucesivas comunicaciones lo más que me llegaron a ofrecer fue un 10% en futuras compras. Me entró la risa… futuras compras, dice. Cuando les volví a contactar por esta vibración, noto que me empiezan a tomar en serio. Me contactan diciendo que han hablado con el jefe de taller (el frustrado mago del tornillo) y que puedo llevarlo cuando quiera que me atenderán de inmediato.

El jefe de taller me ofrece una atención inusual, que entiendo que viene tras haber recibido un toque de algún superior al conocer el caso. Me indica que me tienen que hacer el equilibrado de las ruedas, ya que es posible que se les cayera un plomo al colocarlas la última vez. Espero durante 40 minutos en una sala y me avisan de que está el coche. “Su tornillo antirrobo, señor” me dice, no sé si con arrepentimiento de lo sucedido la anterior ocasión o con cierta sorna. Salgo de allí en cuanto puedo y pienso que el capítulo está cerrado.

Pasan varios días sin problemas, aunque la verdad que cojo bastante poco el coche. Me voy una semana de vacaciones a Asturias y el coche, ya en el viaje de ida, vuelve a sonar al frenar si cabe, más que antes. Desesperado tengo que aguantar un insoportable ruido al subir y bajar puertos de montaña cada vez que pisaba el freno, sin saber si mi novia y yo estábamos corriendo algún riesgo.

Cabreadísimo, al volver a Madrid, escribo a atención al cliente. Les digo que quiero que me arreglen el problema de una vez y que, si es posible, que no sea en el taller de Serrano porque no quiero verles más la cara. Me invitan a llevar el coche al taller de Chamartín, donde me encuentro una atención excepcional del jefe de taller, aunque me hiciera esperar bastante. Salimos juntos a dar una vuelta para mostrarle el ruido. Como suele pasar en estos casos, el ruido no aparece. Vueltas y vueltas y nada. Al llegar al taller, aparece levemente el ruido, suficiente para que no me tomaran por loco. No ven nada a simple vista, pero me desmontan las ruedas para comprobar el sistema de frenado. Detectan que me habían montado mal las pastillas traseras. Se confirma que la atención de Serrano había sido desastre, tras desastre.

Salimos a dar otra vuelta para ver si se subsanó el problema y me alerta de otro ruido distinto que tiene el coche. Me dice que con toda seguridad es el manguito del filtro del aire. Le comento que el filtro del aire había sido cambiado por Aurgi Serrano a la vez que las pastillas y discos delanteros. Me comenta que puedo volver cualquier día que me venga bien esperar allí un rato, ya que el coche debe estar frío y me lo arregla sin problemas.

Pasados unos días, me acerco y cuando el coche está frío para hacer la reparación, el director de taller de Chamartín abre el capó y se echa las manos a la cara. Me llama y me indica que no es que tenga el manguito del filtro del aire suelto, es que no tengo filtro de aire, por lo que me he estado poniendo en riesgo el motor todo este tiempo. No doy crédito.

Coincide que hay una persona de postventa de Aurgi y deciden entre ambos realizar la revisión completa de nuevo, porque ya no se sabe lo que está hecho y lo que no de todo lo que pagué en la revisión de filtros y líquidos. Tras haber que tenido que anular una reunión de trabajo, marcho a casa y vuelvo por la tarde para llevarme el coche, esperando que se la última vez que piso un Aurgi y a que me contesten de atención al cliente ya que, en respuesta de mis últimos mails amenazantes, me prometieron una compensación económica y devolverme lo 19,50 € que detecté, me habían cobrado de más en una factura.

Pasados 18 días, no sé nada de ellos y vuelvo a escribirles. Su respuesta es que han estudiado mi caso y que me ofrecen el 15% de descuento en próximas compras, lo que para ellos es un grandísimo esfuerzo, dicen, ya que suelen ofrecer el 10%. Me invitan además a pasarme por Aurgi Serrano, el taller de la magia y los horrores a que me abonen el dinero indebidamente cobrado. Por supuesto que les mando a la mierda en cuanto el descuento se refiere, ya que no pienso volver a un Aurgi y les exijo el pago de una factura indebidamente cobrada. No creo que yo deba pasar por taller alguno a cobrar ese dinero, para lo cual les doy el número de cuenta.

Por último, les amenazo con denunciarlo en las redes sociales. Y en eso estoy. Si has llegado hasta aquí, perdón por el rollo y si quieres, comparte. Lo agradeceré, por lo menos para que se sepa.

Este es el resultado del objetivo de muchas empresas de ser el más barato, como reza su eslogan. Un trato lamentable al cliente, de mínimos. Si no se quejan, perfecto, han tragado. La culpa no es de sus empleados, ni siquiera del mecánico que trató de engañarme. La culpa es de Aurgi, o sea, sus directivos, que no establecen estándares de calidad ni protocolos de revisión de los vehículos suficientes para dar un buen servicio. Únicamente les interesa ser los más baratos, a costa de lo que sea: baja calidad, nefasta atención al cliente, revetar el mercado, etc. Tal vez por ello el mecánico de barrio ofrece a veces precios sin IVA, porque así, no puede  competir.

Ya os digo yo, es verdad eso de que lo barato sale caro. He tenido que ir diez veces al taller, he sido engañado, me han cobrado mal, han puesto en riesgo a mi coche y a mi seguridad. Aurgi está al nivel de caspa de Mario y Rebeca. Nunca más.

Cuando fuimos ganando

Rayo Real MadridRayo Vallecano – Real Madrid. En el minuto 14 íbamos ganando 2-0 los de Vallecas. Increíble. Parecía que estaba más cerca lo que siempre soñamos cuando jugamos contra un grande, ganarles algún día. Siempre empezamos jugando mejor ya que Paco Jémez, tal vez el entrenador más valiente de primera división, obliga a sus jugadores a jugar igual de ofensivo sin importar el rival ni el resultado. Sabemos que es difícil hacer gol a estos equipos. Sus jugadores, además de tener una calidad extrema, tienen una condición atlética insuperable.

Así pasa muchas veces en la vida. Alguien consigue que nos creamos que lo tenemos. Dejan que nos ilusionemos. Que nos pongamos 1-0. Incluso 2-0. Sabemos que es difícil terminar ganando, que seamos los ciudadanos y las personas las que ganemos. Que lo más importante sea nuestro bien estar o como mínimo nuestra salud. O por lo menos la educación de los más pequeños. O siquiera tener qué llevarse a la boca.

Pero no, el poder juega con nosotros.

Aquel sábado mientras mandaba mensajes a amigos madridistas con la foto del 2-0 en el marcador, sabía que probablemente el Rayo Vallecano acabaría perdiendo. Pero quería disfrutar de ese momento. Con el 2-1 y con el 2-2, que seguía convalidando como heroicidad, creció el nerviosismo. Con el 2-3 sólo quedaba la esperanza de “y si al menos metiéramos otro, aunque fuera en un descuido”. Mientras lo esperábamos, nos contentábamos gritando señalando con el dedo a los Ultra Sur “todos los fachas, fuera de mi barrio”.

No llegó el gol. Los humildes siempre pierden.

La mujer que limpia para el centro de oficinas en el que trabajo lleva seis meses sin cobrar. Su jefa dice que solo le debe uno. El día de su cumpleaños le cortaron la luz porque no puede pagarla. Tuvo que pedir una pizza que para ella es carísima, para comerla con su hija y su nieto con quienes vive. A los dos días nos decía que solo quería cobrar para mandar dinero a sus familiares cuya casa se destrozó en Ecuador por el terremoto. ¿Qué salida tiene? Seguir trabajando gratis, a ver si algún día cobra una parte de su deuda. Mientras, esclavismo.

Nos dijeron que llegaba la vacuna de la Hepatitis C. Viene pronto, en breve. Ya está aquí, en muy poco tiempo la suministraremos. Ya la estamos suministrando, pero aquí no, paciencia. Ya la suministramos aquí, pero a usted no, espere. No me pregunte, sólo aguante. Vaya… por poco…se murió. ¿Cuántos enfermos se han muerto creyendo que llegaría el medicamento? Asesinos.

España es precaria. Es mentira que haya recuperación. Cada vez hay más becarios el 61% no cobra y el 73% de los que cobran dicen que la beca no sufraga gastos mínimos. Yo tengo una empresa. Tengo una becaria. En el convenio con su universidad me daba a elegir si la práctica era remunerada o no. Si lo era, yo decido lo que quiero pagar. Vergüenza. Si hubiera querido, tendría una esclava. En España se calcula que hay 180.000 jóvenes esclavos sin cobrar ni un duro.

Conozco muchos casos cerca de mí de precariedad laboral de mujeres formadas y con experiencia. Su problema: estar presuntamente cerca de que se les pase por la cabeza tener hijos. Encima, tienen que aguantar las preguntas ilegales: “tienes pareja?” o “tienes hijos?”, sin poder contestar como se merecen, por si aún quedan opciones de conseguir el puesto en esa entrevista. Discriminación.

Nos dicen que es una pena la foto del niño muerto en la playa, que vamos a hacer algo con los refugiados. Decimos que vendrán 17.000 y vienen 17, pero bueno, nos piden paciencia a los que nos indigna y mientras los colocamos en Turquía por cuatro duros a los que podamos y los que no, que se ahoguen como el niño muerto. Asesinos.

Y así podría seguir. Nos dicen en el telediario que hay recuperación, o sea, que vamos ganando 2-0. Pero cuando miramos hacia otro lado nos meten tres goles y nos vamos a casa perdiendo, una vez más.

Nos toca votar y nos dicen los sondeos que vamos reventar las previsiones. Algo va a cambiar. Ya no van a gobernar. Es mentira. No queríamos que nos gobernara ni PSOE ni PP. Tal vez nos gobiernen los dos. Nos dejaron ir ganando. Nos empataron. Y cuando quisieron, nos ganaron.

Martín Presa FlorentinoCuando metimos el 2-0 comenzó a diluviar. Los poderosos tenían cobijo. El presidente del Rayo se empapaba, como mis amigos y yo en nuestra zona de la grada. Mientras, el magnate Florentino utilizaba su acogedor paraguas. Parecía un aviso, como si de lo que estábamos disfrutando mereciera un castigo. Cuando comenzó la remontada madridista salió el sol. Parecía todo en su sitio de nuevo.

Hemos bajado a segunda. Me refiero al Rayo Vallecano. A España también.

Creo que pronto volveremos. Y cuando volvamos, os empataremos. Y después de empataros, os ganaremos. Me refiero al Rayo Vallecano. A España también.

 

Dios ya no existe

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Dios no existe
Hace más de 20 años que soy un ateo convencido. Sin embargo,  acabo de descubrir que he vivido equivocado todo este tiempo. No existe ahora, pero existía hasta el domingo pasado. Ha existido desde el principio de los tiempos, pero el domingo dimitió. No un poquito, como Esperanza Aguirre, sino del todo. Dimitió porque le ha estado persiguiendo durante décadas para llevársela con él y dejara de molestarnos.

 

helicoptero-aguirreMuerte
Primero planeó un accidente de helicóptero mientras viajaba con un pobre bobo al que años más tarde, para compensar los daños colaterales, convirtió en presidente del gobierno para lo que alteró la voluntad de millones de españoles que votan a un tonto una y otra vez, sin que el resto nos expliquemos el porqué. El Altísimo lo intentó de nuevo mientras dormía en un hotel de Bombay, urdiendo un atentado terrorista. La tía salió tan pancha con sus zapatillas de felpa como si nada. Dios, ya de muy mala hostia, fue capaz de recurrir a lo último, el cáncer. Espe ni se inmutó. Se retiró un tiempo y como nueva, superado.

 

granados-y-esperanza-aguirreCárcel
Dios se cansó y pensó que si no podía llevársela, por lo menos que viviera encarcelada. Preparó una buena estrategia. Llenó el PP de Madrid de ladrones sin escrúpulos. Creó varias tramas para que la banda de ladrones tuviera donde robar. Ella iba cayendo en la trampa cada vez más y más. Cuanto más importante era el cargo nombrado por Aguirre, más ladrón era el elegido. Pero ella es más lista que Dios y le pilló. Espe destapó la trama Gürtel.

Mandó sobres con dinero, pero ella no los cogía. No los necesitaba. Dios no se dió cuenta de que le había mandado una vida de rica y vivía en un palacio con garita y escolta. Se hicieron obras en la sede del PP con dinero negro, como Dios manda, pero los obreros se saltaron su planta.

Harto de la condesa, después de intentar desquiciarla durante años con su enviado divino Alberto Ruiz Gallardón al que derrotado se tuvo que desterrar a impartir justicia para prohibir el aborto, por fin la pilló en un renuncio. Zas! En medio de la Gran Vía, su coche en el carril bus siendo multada. Ella, tan señora y tan digna no pudo soportar aquello y después de recurrir a la amenaza y al macarrismo, cayó en la tentación de Dios y su soberbia la empujó a huir, no sin antes golpear la moto de uno de los agentes. El Señor se frotaba las manos imaginándola presa. En el país en el que por un tuit o por una sátira títere en mano te meten en la cárcel, ese episodio debía llevarte al calabozo de cabeza. Cualquier ciudadano que hubiera protagonizado algo similar hubiera pagado bien su acto. Esperanza salió indemne. Jueces, medios y lo que haga falta, a sus pies.

Pactar con el diablo
Tras su etapa en una empresa de cazatalentos por la que fichó, gracias a los méritos demostrados eligiendo a los más insignes ladrones en la Comunidad de Madrid, volvió a dedicarse a la política porque ella lo valía. Ganó las elecciones para la alcaldía de Madrid, pero un grupo de proetarras y provenezolanos sacó un gran resultado tal, que con el apoyo de otra fuerza le robaba la alcaldía. Ella, con Dios en horas bajas, tanto que se le coló hasta una asaltacapillas, Esperanza decidió ofrecer pactos hasta con el diablo para que no gobernaran. No lo consiguió. Pero da igual, ella con su coño moreno va todos los días al Ayuntamiento de Madrid a liarla. Lo mismo le da si se tiene que inventar una información o si tiene que llamar chavista o etarra a alguien, ella sale todos los días en la tele indignada.

Apocalipsis
Pero seguían hablando de ella. Que si ese consejero era un corrupto, que si aquel alcalde había robado, que si Granados era su mano derecha, que si Gürtel, que si Púnica. Esperanza Aguirre se hartó. El domingo dijo que se iba, pero un poco. Dimitió de lo de la corrupción para dedicarse de lleno a lo de los trajes de los Reyes Magos, los títeres y el departamento de ETA y Venezuela del grupo popular del Ayuntamiento de Madrid.
Dios no pudo más. El domingo, cuando acabó su misa más concurrida, la de 12, se enteró de la rueda de Esperanza Aguirre y dimitió para siempre. Nos dejó en manos de Esperanza.

Bicho malo nunca muere.

Volver a empezar

Son las 5:40 de la mañana. Insomnio, me despierto. Espero a que empiece el programa matinal de noticias que sólo habla de repetición de elecciones y me levanto a desayunar. Me ducho y me arreglo con mucha calma, me levanté dos horas antes de que me obligara el despertador. Es el primer día de trabajo del año. Antes de irme beso a mi chica que se queda durmiendo disfrutando de sus últimos días de paro; ha encontrado trabajo.

Entrando al metro una señora me pregunta que si llueve a lo que respondo “ahora mismo no”, ante la posibilidad inminente de que mi respuesta deje de ser válida. Supongo que lo pregunta preocupada por cómo llegaría su peinado al trabajo si le llovía encima, aunque parecía tener el pelo poco cuidado. En el vagón doce personas miran el teléfono, dos de ellas están unidas además a él por unos cascos. Una lee, otras siete aparentemente no hacen nada, pero a lo mejor están como yo, fijándose en lo que los otros hacen, mientras llegan a sus trabajos.

maracas gran víaLlego a mi parada, menos transitada de lo habitual porque a muchos les duran las vacaciones. El señor al que supongo cubano, que toca las maracas mientras canta en la esquina de Gran Vía con Valverde cada mañana, hoy conversa con una señora. Todos los días me pregunto si lo que recauda en el rato que está interpretando le da para vivir. A veces pienso que si la respuesta fuera afirmativa, me gustaría ganarme la vida así.

Hace mucho viento y abandono la avenida buscando refugio en la calle Desengaño. Ahora sí que llueve. No me cruzo con ninguna prostituta, no han empezado a trabajar todavía, por lo que los chulos tampoco están controlando. Desde abajo se ilumina ya el interior del Primark, donde gran parte de la ciudad también se va a prostituir en poco más de una hora, comprando camisetas a cinco euros fabricadas por esclavos.

Llego a la plaza y subo a la nueva oficina que hoy estrenamos, más grande y con mejores vistas que la anterior. Será más agradable trabajar, aunque lo que realmente sería más agradable es pasar menos horas allí encerrado. Empieza mi jornada laboral y acaba mi vida, que no volverá casi hasta que casi sea mañana.

Vacaciones, os echo de menos.

Franco no ha muerto

Valle de los CaídosRecuerdo cuando era pequeño y mis padres alquilaron un piso en Guadarrama, ahora en propiedad pagado poco a poco con sus ahorros. Tenía ocho años.

Desde la terraza se ve la cruz del Valle de los Caídos. La primera vez que me fijé pregunté por ella y mis padres me explicaron que era la tumba de Franco. Poco más. Mi abuelo fue herido dos veces en la guerra y preso en dos campos de concentración. Vivió muchos años sin identidad por haber ocupado cargo militar (la guerra le pillo en la mili y llegó a ser, casi sin quererlo, sargento republicano), siendo buscado durante años, a pesar de ser un hombre pacífico, ebanista y extra de cine. Cuando salía a fumarse un cigarro a la terraza de nuestra casa, tenía que ver la tumba del que trató sin suerte de ser su verdugo. Cuando me pillaba cerca me decía, ahí duerme el “hijoputa”.

Tres años después hice una excursión a la cruz. Recuerdo tres cosas. Que estuvimos subiendo por zonas rocosas muy complicadas, la segunda, que la cruz me impresionó hasta darme miedo. Al comprobar que la uña de uno de los leones de su base tenía más o menos mi tamaño, dejé de atreverme a mirar hacia arriba por la sensación de que aquello podría venírseme encima. De lo último que me acuerdo es que al pasar por la tumba de Franco pisé una esquinita en venganza de mi abuelo, aunque nunca se lo dije y la de José Antonio (que no sabía quién era) también, por si acaso.

40 años después de la muerte de Franco la cruz sigue ahí y significa lo mismo. Es indignante que ese monumento siga siendo el sepulcro de un dictador durante otros 40 años en España. Imagino lo que era para mi abuelo ver esa cruz cada día desde mi casa y saber lo que significaba y quién yacía bajo ella.

Esto es algo que solo pasa en España. ¿Por qué pasa? Porque mandan los mismos. Los que hablan de no abrir y cerrar heridas, obvian que la herida no se ha cerrado nunca y si lo piensas, está más infectada. Nos gobierna el Partido Popular, creado por ministros franquistas, lleno a día de hoy de franquistas. En España reina el hijo del Rey que Franco educó e impuso. El poder es de los bancos, los mismos bancos de entonces dirigidos por las mismas personas o su descendencia, que han aumentado su poder y deciden si tienes casa o no o si el gobierno tiene que recortar en educación y sanidad para salvarles. Tenemos en España miles de calles con nombres franquistas y las familias que tuvieron peor suerte que yo, no pueden sacar a sus familiares de las cunetas porque el partido de franquistas que nos gobierna no quiere. Y esto tiene mala pinta porque Ciudadanos anuncia que tampoco hará nada por quitar placas, ni dignificar a quiénes descansan en las cunetas.

Me gustaría que si algún día tengo descendencia y me preguntan por la cruz desde la terraza de Guadarrama,  porder responder que se trata de un monumento que se ha conservado en memoria de los que sufrieron y murieron en una guerra y en una dictadura, como mi abuelo y que la persona que provocó todo eso está allá donde su familia, como todas las de aquella época, haya decidido enterrarle.

El cuento de la familia que no sabe si comer o devolver el dinero

Érase una mujer que se casó con un hombre con el que tuvo varios hijos. Montaron un negocio familiar en el que participaba toda la familia. El hombre malgastó gran parte del dinero de la familia y además los negocios empezaron a irles mal. La mujer, para no pasarlo mal y especialmente para asegurar el pan de sus hijos, decidió reunirse con sus padres y hermanos para pedirles dinero. Los padres decidieron dejarle dinero a su hija, pero le dijeron que debería devolverlo y además le pusieron condiciones para dejarle el dinero.

La mujer dispuso de ese dinero con la condición de que dejara de dar paga a sus hijos y controlara sus gastos. Ella aceptó, pero no pasó mucho tiempo hasta que la familia volvió a tener necesidad. Los negocios no prosperaban y el marido seguía malgastando su dinero. Ella decidió divorciarse. Pronto conoció a otro hombre, con quien decidió convivir y hacerle parte del negocio. El hombre convenció a la familia y volvieron a prestarles dinero, pero volvieron a poner condiciones sobre cómo llevar los negocios de la familia. Es más, los padres de la mujer encargaron a los hermanos más mayores que gestionaran el dinero de la familia y lo repartieran a la mujer, su marido y sus hijos. Pero pronto el nuevo marido defraudó a la mujer y a sus hijos. No solo malgastaba el dinero del que disponía, sino que además era capaz de robar parte del dinero de la mujer y los hijos para sus propios vicios. Los hijos hablaron con su madre tras descubrirle y ésta decidió divorciarse de nuevo.

Cuando ya había perdido la esperanza, la mujer conoció a un hombre joven y guapo. La mujer quiso ser franca con el hombre y le dijo que la situación no era sencilla, porque tenía muchos hijos que mantener, un negocio que iba mal y que dependía económicamente de sus padres que le dejaron mucho dinero que tendría que devolverles y que gestionaban sus hermanos mayores. El hombre aceptó y prometió a la mujer que su prioridad sería el futuro de los chicos. El hombre reunió a la familia y les propuso juntar el dinero que iban recibiendo de abuelos y gestionarlo de tal manera que ninguno de los hijos lo pasara mal y tuviera cubiertas sus necesidades básicas como la comida, los estudios y la ropa. Los hijos y la mujer confiaron en él, especialmente cuando explicó que hablaría con los abuelos para que les dejaran devolver la deuda más tarde, esperando que los negocios fueran mejor.

dinero-comerLos abuelos en principio le dieron unos meses de retraso para la empezar a cobrar la deuda. La mujer y su nuevo marido vendieron los coches y las joyas que tenían y compraron ropa nueva a los hijos. Empezaron a darles una alimentación más sana y permitieron que volvieran a estudiar. Sin embargo, los padres pronto empezaron a meter prisa a su hija y el marido. Ellos pidieron un aplazamiento de la deuda explicando a la familia que cuando sus hijos terminaran de estudiar, estarían formados para relanzar su negocio familiar y asegurar el futuro de ltodos y devolverles poco a poco el dinero, pero que si tenían que devolverlo ahora, los chicos tendrían que dejar de estudiar y pasarían problemas para que ni siquiera pudieran comer.

Los abuelos se enfadaron mucho y decidieron reunirse con los hermanos. Al final de la reunión familiar la amenaza se hizo más firme. Si no devolvían el dinero serían denunciados y desheredados.

El nuevo marido decidió reunir a los hijos de su mujer para que fueran ellos quienes votaran qué hacer con esta situación; si querían mantener la petición de aplazar la deuda a sus abuelos a riesgo de quedarse sin familia o empezar la deuda y dejar de estudiar y empezar a racionar su gasto y su comida.

Los abuelos al conocer esta consulta, montaron en cólera y decidieron dar un ultimatum a su hija. Ayer, la mujer y su marido decidieron que mantendrían la decisión de dejar que los hijos fueran los que decidieran sobre su futuro.

Ah, se me olvidó presentar a los personajes. La mujer se llama Grecia y su marido se llama Alexis. Los hermanos mayores Ángela y Françoise. Los abuleos Troika y Eurogrupo.

Vosotros con quién vais? Yo claramente voy con la mujer y su marido, por el bien de los niños.

Los bancos, sus esbirros y yo

Policías BBVAAyer empecé el día escuchando una entrevista a Francisco González, presidente del BBVA. Le preguntaron sobre sus conversaciones con Manuela Carmena. Dijo que era muy agradable al trato y que le había pedido cosas muy razonables en las que se entenderían. No entrecomillo, pero trato de ser lo más fiel posible con lo que dijo: Nosotros tenemos diez desahucios al mes en Madrid, así que me pidió que en vez de diez hiciéramos ocho. Carlos Alsina, el entrevistador le preguntó: ¿le dijo exactamente eso la Señora Carmena?  y contestó: no exactamente, pero bueno, la cosa es a lo mejor pues que de diez desahucios que haya, uno no se haga, no sé, si total… es algo residual.

Se me puso muy mal cuerpo escuchando a alguien que desde su poltrona de poderoso dice que es residual que 10 familias al mes por entidad bancaria, se queden sin casa en una ciudad y se purgue durante una entrevista patrocinada con parar un desahucio al mes. Pensé que todo el mal que le viniera encima a este ser, le estaría merecido.

Mi día estaba inexorablemente unido al entorno bancario, ya que me dirigía a una oficina de Kutxabank junto a mi expareja a realizar los trámites de venta de una casa que adquirimos hace 10 años y llevamos un tiempo intentando malvender. Cuando intenté negociar la comisión de cancelación del crédito (1% del valor pendiente), la subdirectora de la entidad se me puso digna y me dijo que eso era innegociable. En parte tiene razón, porque es algo que firmamos inconscientemente en su día. Pero también es cierto que las entidades bancarias están negociando deudas y por supuesto comisiones con personas que como nosotros se han separado y no pueden o quieren pagar. Tal vez nuestro fallo sea no habernos tirado los trastos a la cabeza, al menos fingidamente y si negocian, por algo será. Pero lo triste viene tras asumir que tenemos que pagar unos 3.000 € de impuesto de plusvalía, (un tributo que se inventaron en el Ayuntamiento y que vamos a tener que pagar por un piso que se vende por un 42% menos de lo que costó, venta por la cual tenemos que aportar dinero, ya que debemos más que lo que nos entregan por el piso) y más de 1.000 € de comisión de cancelación, nos dicen que cobran 24€ por hacernos un papel en el que se refleja lo que debemos a día de ayer y que nos siguen pasando los seguros que tenemos hasta final de año aunque no tengamos la casa, porque los seguros son anuales. Una verdadera sangría. Tenemos que dar gracias porque nos va bien, pero es de entender que con estas barreras sea difícil salir de cualquier situación complicada ante un compromiso hipotecario.

El remate fue cuando me conecté por la tarde a mi carpeta de la sede virtual del Ayuntamiento de Madrid y se me ocurrió mirar la sección de multas ya que estaba ahí. Veo con sorpresa que tengo una multa por usar el dispositivo móvil mientras conducía, que habría aceptado con resignación si no fuera porque la multa estaba colocada en el número 65 de mi calle (vivo en el 57) a las 8:30, por lo que había sido yendo a trabajar. Suelo aparcar bastante cerca de la puerta por lo que me daba que algo raro pasaba y que la multa había podido ser arrancando. Entré en algún chat de Whatsapp para ver qué había hecho ese día por si se me refrescaba la memoria. Y vaya que si se me refrescó.

Multa desahucioEse día me encontré con mi amigo Luis y su hijo Darío en el carrito camino de la guardería. Los dos nos miramos con rabia porque minutos antes ya habíamos comentado por Telegram lo que estaba sucediendo. El desahucio de Carmen, mujer engañada por un prestamista, en el que se detuvieron a 14 personas. Las calles del entorno estaban atestadas de Policía, por lo que Luis me pidió ayuda para bajar con el carrito a Darío por unas escaleras que dan acceso más incómodo pero directo a la guardería, ya que intuía que por las calles más accesibles podrían no dejarles pasar. Yo le pedí un segundo para dejar la mochila con mi portátil en el coche para ayudarle. Maldije con Luis a los policías, especialmente a los municipales. A los nacionales ya les tenía calados como perros de su amo, pero me dolió ver patrullas municipales ayudando a efectuar el desahucio. Me subí al coche, a escasos metros de un furgón de municipales y en lo que arrancaba, le hice una foto para documentar a mi entorno lo que estaba pasando en mi calle. Pues bien, esas ratas que ejercían de policía, tuvieron ojos para mí y seguramente su conciencia intranquila les hizo ponerme una multa de 200 € y retirada de 3 puntos por hacerles esa foto de la vergüenza. Saben bien donde estaban, porque en el expediente pone “no entrega en mano por servicio preferente desahucio”.

Como veis, los bancos y sus esbirros me dieron un mal día.

6 minutos de libertad

Cada mañana tengo preparadas dos alarmas. Una suena seis minutos después que la otra, en el límite de lo prudente para ir a trabajar.

Anoche una amiga nos contó que comenzaba un nuevo trabajo. Tras ser felicitada nos pidió que no lo hiciéramos porque empezaba de nuevo su esclavitud, a lo que otra amiga respondió que el trabajo es esclavitud, pero no tenerlo lo es más.

Al sonar el depertador esta mañana me di cuenta que era de esos días en lo que tu cuerpo te pide que hagas lo contrario a lo marcado por el deber. En ese momento inicié un debate interno, que apenas duró un segundo, en el que me pregunté cuál de mis amigas tiene razón. Al instante concluí que era absurdo cuestionármelo y me dí cuenta que tenía seis minutos por delante para ejercer mi libertad de volver a dormirme. Apagué la alarma y volví a cerrar los ojos.

PD: A pesar del título del post, la realidad es que mi sueño duró cinco minutos, ya que me desperté un minuto antes de que sonara la segunda alarma.