AYER COMPRÉ EN UNA TIENDA DE MI BARRIO

Ayer compré dos bombillas en una tienda de mi barrio.

La tienda de barrio no estaba en Alcorcón, ni en San Sebastián de los Reyes, ni en el Ensanche de Vallecas, estaba en mi barrio.

No me comí una ración de albóndigas a 1,50 € porque no había comida, solo bombillas. Comí en mi casa, porque la tienda estaba en mi barrio.

Fui a comprar el viernes porque si me descuidaba, el sábado por la tarde y el domingo estaría cerrada, porque el señor que me atendió y el dueño de la tienda, que también estaba, descansan el fin de semana. Los dos tienen pinta de ser también del barrio.

Las bombillas costaron 12 €, pero eran de LED. Lo sé, porque al comprarlas me hablaron. El señor que me atendió, que tenía pinta de ser del barrio, me recomendó una para el pasillo y otra diferente para la habitación. Sabía mucho de bombillas.

En la tienda de barrio cogí las bombillas con la mano, no las eché a un carrito. No hacía falta carro porque no había nada más que coger antes de llegar a la caja, solo bombillas. No había flechas en el suelo, ni secciones. Tampoco había caja, se pagaba en el mismo mostrador donde me atendió el señor que sabía mucho de bombillas y tenía pinta de ser del barrio.

Llegué a casa cinco minutos después de salir a por las bombillas. Las puse en la lámpara y comí.

 

No soy parte de esta guerra

Escucho en radio y televisión y leo en Twitter “estamos en guerra”. Lo siento, pero YO NO FORMO PARTE DE NINGUNA GUERRA y lo quiero gritar por aquí.

Lo de ayer en París fue horrible. No fue, es, está siendo, porque imagino que el miedo de los parisinos sigue dentro al poner un pie en la calle. El miedo llega hasta aquí, creo que todos nos imaginamos anoche siendo acribillados mientras estábamos en un concierto. Yo fui capaz de imaginarlo porque viví más cerca de lo que me hubiera gustado los atentados de Madrid del 11 M y muchos otros de ETA y comprendemos lo posible que es cerca de nosotros estén los descerebrados.

Pero me pone muy triste que hasta ayer mucha gente no había entendido de qué huyen los refugiados que tratan de entrar en Europa, esos de los que nos pavoneamos de recibir apenas una decena. Huyen porque tienen miedo, del mismo miedo que sentimos ayer en Europa. La diferencia es que a ellos no les coge en discotecas, porque seguramente en muchos sitios ya estarán destruidas.

Los que quizá estén en guerra son los que han dicho que los refugiados no son trigo limpio, como el Arzobispo de Valencia. Los refugiados tienen miedo, idiota. Los terroristas de ayer seguramente son franceses.

También se sentiran en guerra los que hoy tomen la decisión de cerrar fronteras, la de hacer pactos nacionales e internacionales y seguramente bombardear. Bombardear más, porque se bombardea y mucho. Se mata y mucho. Se mata a civiles inocentes, a muchos, todos los días. Se bombardea una sede de Médicos sin Fronteras durante treinta minutos por parte del ejército del Nobel de la Paz, Barack Obama y no pasa nada. Los que no estamos en guerra lo decimos y lo lamentamos igual que lo de ayer.Juan Carlos Hollande

Supongo que los que siguen vendiendo armas y comprando petróleo a países que financian el ISIS como Arabia Saudí son los que se sienten en guerra. Es más, seguramenete necesitan la guerra. Yo, que no me siento en guerra, denuncio esto antes y ahora. Nuestro Rey Juan Carlos y su hijo y nuestros gobiernos son amigos históricos de estos países y a día de hoy seguimos vendiendo armas a Arabia Saudí desde España.

No me siento mejor ni un héroe por escribir estas palabras, porque aunque jodido por el horror, las escribo sentado frente al teclado, calentito en mi casa. Pero decrilas y difundirlas sí me hacen sentirme fuera de vuestra guerra. Y sentir enormemente todo el dolor y muerte que en París, en Siria, Afganistan, Irak, Palestina o en la forntera de Ceuta y Melilla y en tantos sitios en los que el Ser Humano (o la Guardia Civil armada con balas de goma) es capaz de generarlo.

No me olvido de los gilipollas que aprovechan estos sucesos para sacar a pasear su xenofobia a pasear como Sigfrid Soria.

Sigfrid Soria Xenófobo

También quiero aprovechar para enviar saludos al tonto del día Albert Rivera:

Albert Rivera

 

Los bancos, sus esbirros y yo

Policías BBVAAyer empecé el día escuchando una entrevista a Francisco González, presidente del BBVA. Le preguntaron sobre sus conversaciones con Manuela Carmena. Dijo que era muy agradable al trato y que le había pedido cosas muy razonables en las que se entenderían. No entrecomillo, pero trato de ser lo más fiel posible con lo que dijo: Nosotros tenemos diez desahucios al mes en Madrid, así que me pidió que en vez de diez hiciéramos ocho. Carlos Alsina, el entrevistador le preguntó: ¿le dijo exactamente eso la Señora Carmena?  y contestó: no exactamente, pero bueno, la cosa es a lo mejor pues que de diez desahucios que haya, uno no se haga, no sé, si total… es algo residual.

Se me puso muy mal cuerpo escuchando a alguien que desde su poltrona de poderoso dice que es residual que 10 familias al mes por entidad bancaria, se queden sin casa en una ciudad y se purgue durante una entrevista patrocinada con parar un desahucio al mes. Pensé que todo el mal que le viniera encima a este ser, le estaría merecido.

Mi día estaba inexorablemente unido al entorno bancario, ya que me dirigía a una oficina de Kutxabank junto a mi expareja a realizar los trámites de venta de una casa que adquirimos hace 10 años y llevamos un tiempo intentando malvender. Cuando intenté negociar la comisión de cancelación del crédito (1% del valor pendiente), la subdirectora de la entidad se me puso digna y me dijo que eso era innegociable. En parte tiene razón, porque es algo que firmamos inconscientemente en su día. Pero también es cierto que las entidades bancarias están negociando deudas y por supuesto comisiones con personas que como nosotros se han separado y no pueden o quieren pagar. Tal vez nuestro fallo sea no habernos tirado los trastos a la cabeza, al menos fingidamente y si negocian, por algo será. Pero lo triste viene tras asumir que tenemos que pagar unos 3.000 € de impuesto de plusvalía, (un tributo que se inventaron en el Ayuntamiento y que vamos a tener que pagar por un piso que se vende por un 42% menos de lo que costó, venta por la cual tenemos que aportar dinero, ya que debemos más que lo que nos entregan por el piso) y más de 1.000 € de comisión de cancelación, nos dicen que cobran 24€ por hacernos un papel en el que se refleja lo que debemos a día de ayer y que nos siguen pasando los seguros que tenemos hasta final de año aunque no tengamos la casa, porque los seguros son anuales. Una verdadera sangría. Tenemos que dar gracias porque nos va bien, pero es de entender que con estas barreras sea difícil salir de cualquier situación complicada ante un compromiso hipotecario.

El remate fue cuando me conecté por la tarde a mi carpeta de la sede virtual del Ayuntamiento de Madrid y se me ocurrió mirar la sección de multas ya que estaba ahí. Veo con sorpresa que tengo una multa por usar el dispositivo móvil mientras conducía, que habría aceptado con resignación si no fuera porque la multa estaba colocada en el número 65 de mi calle (vivo en el 57) a las 8:30, por lo que había sido yendo a trabajar. Suelo aparcar bastante cerca de la puerta por lo que me daba que algo raro pasaba y que la multa había podido ser arrancando. Entré en algún chat de Whatsapp para ver qué había hecho ese día por si se me refrescaba la memoria. Y vaya que si se me refrescó.

Multa desahucioEse día me encontré con mi amigo Luis y su hijo Darío en el carrito camino de la guardería. Los dos nos miramos con rabia porque minutos antes ya habíamos comentado por Telegram lo que estaba sucediendo. El desahucio de Carmen, mujer engañada por un prestamista, en el que se detuvieron a 14 personas. Las calles del entorno estaban atestadas de Policía, por lo que Luis me pidió ayuda para bajar con el carrito a Darío por unas escaleras que dan acceso más incómodo pero directo a la guardería, ya que intuía que por las calles más accesibles podrían no dejarles pasar. Yo le pedí un segundo para dejar la mochila con mi portátil en el coche para ayudarle. Maldije con Luis a los policías, especialmente a los municipales. A los nacionales ya les tenía calados como perros de su amo, pero me dolió ver patrullas municipales ayudando a efectuar el desahucio. Me subí al coche, a escasos metros de un furgón de municipales y en lo que arrancaba, le hice una foto para documentar a mi entorno lo que estaba pasando en mi calle. Pues bien, esas ratas que ejercían de policía, tuvieron ojos para mí y seguramente su conciencia intranquila les hizo ponerme una multa de 200 € y retirada de 3 puntos por hacerles esa foto de la vergüenza. Saben bien donde estaban, porque en el expediente pone “no entrega en mano por servicio preferente desahucio”.

Como veis, los bancos y sus esbirros me dieron un mal día.

Me importa un pito

Recuerdo que de vuelta al hotel una tarde en mi viaje de fin de curso, llevando colgada a modo de capa una bandera de España que acababa de comprarme en un mercadillo de Venecia, un profesor me dijo “anda, quítate ese trapo que llevas ahí”, a lo que le contesté (sabiendo que la mayoría de profesores de mi colegio eran afines al nacionalismo vasco), “un respeto, esto es una bandera, ya sé que a usted le da igual, pero a mí no”. Me contestó “mira chaval, estuve durante años de misiones en África y cuando finalicé, antes de volver a casa, tuve que pasar unos días por Alemania, donde en un despacho de un español, vi en su mesa una banderín de España. Al verlo, después de tanto tiempo alejado de mi tierra y los míos, se me saltaron las lágrimas. Eso, es una bandera. Lo que llevas tú ahí es un trapo”.

Con apenas 16 años, en ese curso (3º de BUP) había tenido que posicionarme en uno de los dos bandos que se formaron tácitamente en clase: “fachas” y “anarcas” y temporalmente había elegido la primera categoría tal vez porque, al contrario que ahora, era un tipo al que no le gustaba meterse en fregados y me pareció el bando más cómodo, por eso me pareció buena idea comprarme aquella bandera. Las sabias palabras de aquel profesor me hicieron reflexionar y pronto abandoné el bando, especialmente cuando comprendí que solo merecía la pena luchar por las personas y no por los símbolos. Para mí a día de hoy una bandera vacía de significado es un trapo. Un himno para mí no es más que una canción. Respeto a la gente que en una determinada circunstancia un himno o bandera le despierta un sentimiento a favor o en contra. Ni lo comparto, ni soy capaz de sentirlo, pero sé que en muchos otros ámbitos un símbolo o una canción a mí mismo me despiertan emociones, que son seguro incomprendidas por gente que no las siente.

peineta reyEn los últimos días, han sido noticia los pitos que muchos de los asistentes a la final de la Copa del Rey de fútbol en entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao profirieron al himno de España y al Rey Felipe VI. Se ha considerado por gran parte de la prensa deportiva y general como una gran falta de respeto y ofensa. En este tiempo ha sido imposible evadir el debate, por lo que voy a contar reflexiones sobre este hecho y sus consecuencias. Por un lado, a mí que “me importa un pito” el himno, la bandera, los propios pitos y el Rey, que no solo es que no me importe, sino que me parece una figura anacrónica e inaceptable, el hecho de la pitada me deja indiferente. Pero es de ley en estos casos ponerse en la piel de las posiciones encontradas que son parte del debate.

Empezando por el bando ofendido por los pitos, encuentro en él a mucha gente cercana que llena su muro de Facebook o tuitea comentarios o noticias poniendo el grito en el cielo por semejante afrenta a los símbolos patrios. Sobre ellos cabría mi comprensión si no fuera por lo siguiente. (más…)